TEMAS | Alimentos y bebidas | Guía práctica para catar vino

Antes de empezar es necesario contar con una buena definición del producto del que hablamos. Proveniente de la agricultura, el vino hace su aparición en la historia de las civilizaciones hacia el año 3.000 antes de Cristo. Su producción es un proceso delicado que exige una paciente supervisión para garantizar el producto final deseado.

Como ya sabemos, la materia prima del vino es la uva, que entendidos y especialistas denominan cepa. Existen distintos tipos de cepa cuyas características pueden a su vez variar según dos importantes factores que condicionan su desarrollo: el suelo donde se plante y las condiciones climáticas durante su crecimiento. Es así como una misma cepa puede producir vinos con diferentes atributos y características en Francia, España, Chile u otra locación geográfica y es por este motivo que no podemos hablar de un buen vino sólo por el tipo de cepa utilizada en su elaboración sin tomar en cuenta la "raza" de ésta, es decir, suelo + clima + calidad de uva.

Entre las cepas mas reconocidas tenemos Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noire, Pinot Meuniére y Malbec, que producen tintos, y Sauvignon Blanc, Chardonnay y Chenin Blanc, que producen vinos blancos.

Según la cantidad de cepas utilizadas en su elaboración, los vinos pueden denominarse varietales, aquellos producidos con una sola variedad de uva, o vinos de cuvée o de corte, aquellos producidos con más de un tipo de uva. Cuando estemos frente a una etiqueta que muestre el nombre de una cepa estaremos ante un varietal del linaje indicado.

MITOS, LEYENDAS Y MALAS COSTUMBRES

El correcto disfrute del vino se ve amenazado en algunas oportunidades por costumbres cuya existencia ha prevalecido al paso del tiempo, sin embargo, posiblemente de forma pero no de fondo. Así mismo, la "tropicalización" de la cultura del vino y su adaptación por estas latitudes también han hecho de las suyas.

Una de estas indeseables herencias es la que nos repite que los vinos tintos deben servirse a temperatura ambiente, sin enfriarse. Esto podría resultar en algún país de Europa u otra región en la que el inverno pueda conservar a baja temperatura una botella de vino, sin embargo, es impensable esta condición al momento de servir una copa de vino tinto en un país donde la temperatura promedio se mantiene sobre los 25 grados centígrados. Para disfrutar correctamente de una copa de vino, éste debe contar con una temperatura no mayor a los 18 grados centígrados, si no es así, es preferible no descorchar la botella.

Otro mito del mundo del vino es el que asegura que mientras más viejo el caldo con mayor calidad cuenta. Esta condición es variable y está sujeta a muchos factores, principalmente a las condiciones en las que ha sido almacenada la botella. Además, debemos tomar en cuenta que más de las dos terceras partes del vino del mundo se produce para consumirse y no para guardarse.

PRIMER PASO: VISTA

El examen visual del vino servido en una copa nos permite ante que nada percibir la tonalidad de éste, además de otras características que nos brindarán el primer acercamiento al caldo. Por esta razón es que el uso de copas de colores, más allá de sumar atributos al vino o a la mesa, pone en evidencia la ausencia de cultura gastronómica.

El procedimiento a seguir para observar el vino consiste en servir dos dedos del caldo e inclinar la copa hacia adelante sujetándola por el tallo. El fondo del campo visual debe ser blanco.

Cuando hablamos de tintos debemos tomar en cuenta que los tonos oscuros, apagados, nos indican caldos envejecidos, alcanzando tonalidades marrones los tintos descompuestos o vencidos. Un tono rojo-rojo es el color de un "Reserva", es decir, un vino madurado, mientras que los tonos intensos, rojo-rubí y tintes violetas delatan a los caldos jóvenes.



En el caso de los blancos, un amarillo suave y transparente, con tintes verdes, será el color de un vino joven, un amarillo intenso será característico de un caldo madurado en madera de roble, y cuando nos enfrentemos a un vino viejo o vencido el rubio se tornará oro.

Una vez apreciado el color del vino, podremos ahondar más en sus cualidades observando la película que éste deja en las paredes de la copa. Su limpidez, transparencia, burbujas y densidad. Haciendo girar la copa el vino formará lágrimas al bañar el cristal, si éstas se producen muy separadas, hablamos de un vino joven, por le contrario, si las lágrimas son densas y muy cortas, el vino será viejo.


SEGUNDO PASO: OLFATO
Aroma y bouquet son las dos cualidades del vino que podemos percibir haciendo uso del sentido del olfato. Aun cuando las personas suelen referirse a ambas palabras sin diferenciarlas éstas no se describen lo mismo. El aroma de un vino es el olor de un vino joven que se origina a partir del perfume de la cepa y de su fermentación. Por su parte, el bouquet son los aromas y perfumes que adquieren los caldos durante su envejecimiento. El método usado por los catadores para calificar el aroma y bouquet de un vino está fundamentado en las analogías con otros aromas ya reconocidos. Por esta razón es común escuchar que un blanco de la cepa Sauvignon Blanc desprende un olor a grosellas o que un Chardonnay brinda aromas de melocotón, durazno o piña.

Para apreciar los aromas de los vinos se siguen dos pasos. El primero consiste en olfatear el caldo directamente en la copa sin ningún movimiento. Esto es lo que se conoce como "primera nariz". Entre los caldos existen los que brindan mayor o menor aroma en la primera nariz, y por ello luego se procede a remover el caldo vigorosamente dentro de la copa con el fin de que el caldo emane las sustancias volátiles facilitando su apreciación olfativa.

Entre los males frecuentes que pueden alertarse al apreciar el aroma de un vino es el mal almacenamiento de éste, cuando ofrece olores mohosos o de encierro, o la presencia de Tricloroanisol (TCA), una molécula que aparece en la corteza del alcornoque cuando el corcho no es de buena calidad o ha sido procesado inadecuadamente y suma al caldo un desagradable olor. En estos casos el vino debe ser desechado.

TERCER PASO: GUSTO
Lo detectado en la copa debe ser confirmado en la boca. Para ello, el procedimiento a seguir consiste en tomar un pequeño sorbo del vino y "masticarlo", antes de tragarlo. Una vez absorbido el vino debe mantenerse la boca ligeramente abierta, aspirando aire con la lengua extendida hacia delante haciendo un canal que disparará aromas y sabor en la boca. Luego se cierran los labios, se inclina un poco la cabeza hacia delante, y se "mastica" el caldo, manteniéndolo en la parte anterior de la boca.

En la medida en que pongamos en práctica estos tres pasos conoceremos más sobre el mundo del vino y se hará más fácil el disfrute de los caldos, garantizando selecciones apropiadas o al menos las que complacen nuestros gustos.



|||ENLACES|||

GUÍA DEL PLACER

Iniciación en la cata de vinos en línea

Planeta Vino


Foto tomada de:

http://www.sdc.sk/

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