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Entre los años 1920 y 1930, se estaba gestando en el mundo
una nueva corriente artística cuya finalidad era manifestar
todo el torrente imaginativo del hombre. Es así como surge
un movimiento radical, que buscaba lograr a través del arte
figurativo, un notable alejamiento de la realidad.
La
tendencia conocida como Surrealismo, tiene sus raíces más
cercanas en el movimiento Dadá, el cual inició en
aquella época una revolución del arte que buscaba
transgredir de forma desordenada todo lo hecho, a través
de la adhesión del individuo a las necesidades de su propia
naturaleza. Con ello, se pretendía hacer una negación
nihilista del arte, y exaltar cualquier cosa que representara una
revolución y manifestación de la libertad personal.
Todo el camino construido por el Dadá, abrió las puertas
para que en el año 1924 el francés André Breton
publicara el "Primer Manifiesto del Surrealismo", con
el que se decretaba la instauración de una tendencia que
buscaba, según Breton, "el automatismo psíquico
puro a través del cual nos proponemos expresar, ya sea verbalmente
o por escrito, o de cualquier otro modo, el funcionamiento real
del pensamiento".
A partir de ésta proclamación, el movimiento se concentró
en la literatura y en la filosofía, teniendo como principal
motivo de sus creaciones la frustración originada por las
pésimas condiciones en que se encontraba Europa a finales
de la Segunda Guerra Mundial. De aquí emerge la teoría
que denomina al Surrealismo como un alejamiento de la realidad concreta,
que pretende adentrarse en el universo de los sueños y las
fantasías con un basamento más claro que el planteado
por el desordenado Dadaísmo, sin contradicciones entre presente,
pasado o futuro, para mostrar la cara oculta del ser humano.
Dadas las amplias posibilidades de esta concepción, la corriente
artística se extendió a la pintura y la escultura,
para las cuales tomó como fuente de inspiración experiencias
pasadas, y el recuerdo de objetos vistos con anterioridad, para
luego modificarlos y reagruparlos en sorprendentes creaciones de
gran impacto visual, con una alta carga subjetiva.
Los primeros exponentes de la corriente fueron el alemán
Max Ernst, el francés Jean Arp, y el pintor y fotógrafo
estadounidense Man Ray.
Posteriormente, se unieron al grupo el francés André
Masson y el español Joan Miró, quienes se desligaron
del movimiento en el año 1925, por su individualismo y desacuerdos
con los dictados de André Breton, al defender el estado de
alucinación como fuente de inspiración.
Otros artistas en cambio, apoyaban la figuración naturalista,
tal es el caso de Salvador Dalí, René Magritte, Yves
Tanguy, Giorgio de Chirico, y los latinoamericanos Wilfredo Lam
y Roberto Matta. Éste grupo de nuevos artistas, comenzó
a investigar nuevas técnicas para trabajar y darle forma
a sus ideas, empleando el frottage, la decalcomanía, el grattage,
y el cadáver exquisito.
El surrealista Jean Arp, creaba esculturas grandes, lisas y de forma
abstracta. Joan Miró por su parte, a pesar de haber sido
miembro formal del grupo durante una corta etapa, logró representar
formas fantásticas que incluían adaptaciones de dibujos
infantiles. El pintor que más reconocimiento recibió
fue, sin duda alguna, el catalán Salvador Dalí, cuya
obra fue tan personal, que constituye una de las muestras más
representativas del Surrealismo.
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Salvador
Dalí transcribió sus sueños de una manera
muy fotográfica, transformando estados delirantes, alucinaciones
y obsesiones en principios artísticos inspirados en la
primera etapa de producción artística de De Chirico.
Cuidaba en demasía los detalles, en los que mezclaba
una minuciosa caligrafía y el collage para dar vida a
los excéntricos temas que lo obsesionaban. Este artista,
a pesar de su extraordinaria obra, fue relegado por el resto
de los creadores del género debido a que empezó
a interesarse más por la comercialización de su
arte, que por propagar las ideas del movimiento.
Para el Surrealismo, también era de interés todo
lo concerniente a los pueblos primitivos, el arte infantil,
y las obras hechas por personas dementes. Su duración
fue ciertamente muy extensa: desde 1924 hasta el final de la
Segunda Guerra Mundial en 1945. Contó además con
gran apoyo por parte de los amantes del arte, quienes realizaron
campañas y promociones excepcionales que permitieron
el montaje de exposiciones alrededor del mundo.
Como consecuencia del surrealismo y la abstracción, la
pintura contemporánea demostró nuevas formas de
conceptualizar a través de la libertad de pensamiento.
Un nuevo concepto - en el que emergen lo maravilloso, el sueño,
la locura y los estados de alucinación, aunado a todo
lo fantástico y asombroso que recoge del mundo real -
otorgó al Surrealismo una posición destacada dentro
de la pintura al ir más allá de una rígida
concepción lógica, que lo convierte en la otra
cara de la moneda en el arte pictórico. |
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| ||SALVADOR
DALÍ|| |
| 01 |
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02 |

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Retrato de Gala o El Ángelus (1935)
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Metamorfosis de Narciso
(1936-1937) |
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03
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04 |

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Huevo en el plato sin plato
(1932)
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Aparición de un rostro y de un futuro
en la playa (1938)
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| 05 |
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06 |

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Mi mujer en contemplación
(1945)
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El juego lúgubre
( 1929) |
| 07 |
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08 |

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La persistencia de la memoria (1931)
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El pájaro herido
(1926) |
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