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El término francés luthier procede del vocablo
luth que quiere decir laúd, un instrumento de origen
árabe que fue adoptado por la aristocracia europea convirtiéndose
en uno de los más aceptados de la música culta. En
principio, el término se utilizó para designar a todos
aquellos artesanos dedicados a la fabricación de instrumentos,
independientemente de la familia a la que pertenecieran estos; pero
luego, se utilizó más concretamente para los creadores
de los instrumentos de cuerda.
Es
a partir del Renacimiento cuando el oficio del luthier empieza a
ganar importancia, ya que la función primordial de la música
instrumental, hasta ese momento, era la de mero acompañamiento
del canto. A partir de entonces, los hacedores de instrumentos,
que otrora estuvieran vinculados a oficios como el de la carpintería
o ebanistería, empezaron a ganar maestría y el oficio
se convirtió en un arte que ameritaría un estudio
formal.
Y
llegó el oficio a su esplendor en los siglos XVII y XVIII
cuando países como Alemania, Francia, España e Italia
produjeron innumerables escuelas y talentos. Pero ninguno, como
el de la dinastía de los Amati, Guarnieri y Stradivarius:
los hasta hoy insuperables cremonenses cuyas mamos construyeron
los mejores instrumentos de cuerda del mundo.
Las
técnicas modernas no discrepan mucho de las utilizadas por
los maestros de Cremona, pero ninguna la iguala. Muchos especulan
que se perdieron las instrucciones más valiosas para producir
la calidad de estos instrumentos que hasta personalidad y nombres
le atribuyen.
Hoy
en día, el oficio de la luthería ha decaído
gracias a la producción industrial que ha abaratado los costos
en detrimento de la calidad sonora. Pero el oficio sigue, y algunos
trabajan sin apuro pues saben que un gran violín es producto
del arte y del tiempo. Quizás dentro de varias generaciones
algunos de sus instrumentos suenen como los de la dinastía
cremonense. Hasta hoy, no hay quien los iguale.
La
Luthería en Venezuela
La
luthería profesional en Venezuela es muy reciente. Las primeras
guitarras de un nivel comparable al europeo realizadas en suelo
criollo datan de 1949, obra del español Félix Oliveras
Boada, de quien se dice fue colaborador de Miguel Simplicio, hijo
del gran constructor de guitarras Francisco Simplicio. A finales
de los setenta llegó a Caracas, proveniente del norte cantábrico
español, Ramón Blanco, cuyo estilo austero pero efectivo
le ha llevado a reconocimientos de nuestros mejores guitarristas.
Jaime
Nobre, llegó también al país a mediados de
los setenta y trabajó principalmente como arquetero y restaurador
de instrumentos de arco. Hacia finales de los noventa se marchó
a su tierra: Portugal.
Matías
Herrera y su esposa Lucía Valli, son quizás los únicos
luthiers radicados en Venezuela egresados del afamado Instituto
Profesional para el arte de la Luthería y el legado de Antonio
Stradivarius en Cremona. Herrera estudió en principio con
Jaime Nobre y luego se marchó a estudiar a Italia de donde
regresó casado con Lucía Valli a mediados de los ochenta.
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Lo
que se dice y lo que se sabe
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Dicen que la perfección de los Stradivarius radica
en el barniz usado por el autor. Este barniz, de un tono más
intenso que el utilizado por Amati, conseguía proteger
al instrumento y reforzar sus cualidades sonoras. Aunque Stradivari
dejó instrucciones sobre su composición, nadie
ha conseguido elaborar nunca un barniz similar.
El Stradivarius más antiguo data de 1666, cuando Antonio
tenía 22 años; se cree que inició su
aprendizaje con Amati a los 14 y que ayudó a terminar
algunas de las últimas obras del maestro. Cuando Niccolo
murió, en 1684, sus herramientas, modelos y muestras
pasaron a manos de Stradivari, quien para 1700 ya había
confeccionado sus propios diseños.
En países como Alemania la única vía
para llegar a ser Luthier supone tres años y medio
de estudio académico, el mismo tiempo de pasantías
bajo la tutela de un maestro y finalmente la presentación
de un examen de maestría teórico y práctico
de una semana de duración ante un jurado experto. En
Italia debe estudiarse cuatro años, y después
se acostumbra a hacer una especialización.
Se cuenta que Stradivari usaba, entre otros ingredientes,
la llamada sangre de dragón, sustancia gomosa y roja
obtenida del fruto de una palmera malaya que Marco Polo trajo
del Oriente. Pero, ¿cuánto barniz aplicaba y
en qué forma? ¿Mezclaba los ingredientes fríos,
tibios o calientes? Estos secretos murieron con él.
El violinista Jascha Heifetz llegó a comprar en siete
millones de dólares un violín modelo de G. Guarneri
del Djesü y que a su muerte se vendió en doce
millones de dólares.
En el Palacio Real de Madrid se encuentra la espléndida
colección de "stradivarius". Se dice que
los instrumentos de esta colección de dos violines,
viola y dos violonchelos siguen siendo los mejores del mundo.
Tal vez haya cerca de 800 Stradivarius, 250 Guarnieris (de
los que sobreviven 70) y sólo 6 originales de Andrea
Amati.
Hasta mediado el siglo XVI Cremona gozó de la fama
que le conferían sus espléndidos Palacios y
su catedral del siglo XII; pero en los tres siglos siguientes
obtuvo más renombre por los 8000 instrumentos que construyeron
sus artífices.
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Fotos
tomadas de:
baroquecello.com
drbows.com
Collin Wills.com
Photo-i.com
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