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Más que de la miel es necesario hablar de las mieles, pues
existe una gran variedad de acuerdo a su origen. Están las
que se producen por el polen que las abejas extraen de las flores,
y las que se fabrican con resinas.
En todo caso, se trata de una sustancia dulce producida por las
abejas que beneficia enormemente al organismo, pues cuenta con gran
cantidad de vitaminas como la C y todas las del grupo B, junto con
hierro, fósforo, aluminio, magnesio, tiamina, niacina, riboflavina,
ácido pantoténico, piridonxina, biotina, glucosa y
fructosa. Una de las ventajas que presenta en relación a
las frutas y verduras, es que no pierde sus propiedades con la cosecha,
almacenaje y preparación. La única forma de que esto
ocurra, es que sea calentada.
El color y sabor están directamente relacionados con la naturaleza
de la flor y/o la planta de la que provenga, por lo que pueden ser
incoloras o llegar a ser pardas oscuras, con una consistencia que
puede ir desde líquida, viscosa o cristalizada. A su vez,
su sabor puede ser poco o muy dulce, picante o amargo.
De flor en flor
Como ya se comentó anteriormente, la miel varía sustancialmente
atendiendo al tipo de flor a la cual se le haya extraído
el polen, o a la planta que haya producido la resina. Así
existe una amplia gama con características muy específicas,
algunas de ellas son:
Acacia: se trata de una miel de sabor suave, color
ámbar y parecida a un jarabe.
Alforfón: es de color
rojizo, y sus granos suelen ser finos y regulares.
Algodonero: llamada también
miel de mesa. Cuenta con un color blanco cuando está granulada,
y es casi incolora en su estado líquido. Su aroma y sabor
son poco fuertes.
Colza: es de consistencia granulada,
y su color puede ir desde el amarillo pálido hasta el rojo
oscuro.
Espliego: se trata de una miel
muy fina, de consistencia fluida y de color ámbar.
Brezo: esta sabrosa miel de
mesa es de consistencia espesa y viscosa. Su aroma suele ser muy
sutil, y su color puede ir desde el ámbar hasta el rojo oscuro.
Algunas de sus virtudes
La miel tiene la bondad de ayudar a tratar gran cantidad de dolencias
y enfermedades, y mejorar la salud de todos los seres humanos.
Alcoholismo: puede eliminar
hasta un 35% del alcohol de la sangre.
Diabetes: es ideal para emplearlo
como edulcorante.
Sangre: estimula la formación
de glóbulos rojos por la presencia de ácido fólico.
Intestino: aumenta la producción de flora intestinal,
y permite curar el estreñimiento.
Garganta: se debe tomar cuando
hay inicios de laringitis, faringitis, rinitis o gripe.
Hígado: ejerce una acción
hepato-protectora.
Huesos: fortalece el sistema
óseo y los dientes.
Sedante: dado que favorece la absorción de triptofano
que
es precursor de la serotonina, actúa como un sedante natural.
Antiséptico: actúa contra los microbios y
acelera la regeneración celular, por lo que puede aplicarse
en caso de quemaduras y cortes.
Estómago: para malestares
estomacales o úlceras es altamente recomendada, pues no requiere
de digestión previa.
Recién nacidos: es muy bien recibida por los bebés
que no soportan el azúcar, además, facilita la asimilación
de calcio y magnesio.
Energizante: los deportistas lo ingieren antes de los entrenamientos,
y durante los juegos o competencias ya que mejora el rendimiento
físico.
Conservación: es una excelente sustancia en la cual
se pueden sumergir los alimentos para conservarlos.
Estimula el vigor sexual.
Cosmético: es empleada en muchos productos para la
piel, cabello, pies, manos, ojos y labios.
Cocina: es utilizada en la preparación de los más
diversos platos alrededor del mundo; tal es el caso del típico
pato laqueado de Pekín.
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Un
toque de miel en la historia
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La
apicultura, arte de criar abejas para utilizar sus productos,
data de la prehistoria cuando los hombres se limitaban a cazar
los panales de abejas. Los historiadores afirman que esta
técnica existe desde principios de la edad de bronce,
cuando una población africana, cuyos integrantes se
llamaban los tartesios, se inicio en esta labor.
Estos conocimientos se difundieron gracias a los fenicios,
quienes comerciaban con ellos y dieron a conocer dicha técnica
en lugares como Babilonia y Egipto. En este país, se
llegó a emplear la miel para conservar las momias,
y como ofrendas religiosas.
Los griegos y romanos no solo la comían, sino que además
la mezclaban con agua y la dejaban fermentar para elaborar
bebidas alcohólicas como el Néctar de
los dioses. Los filósofos Pitágoras y
Demócrito la ingerían en grandes cantidades,
y aseguraban que era la fuente de su longevidad e inteligencia.
Por su parte, para los Mayas la miel era ingrediente fundamental
en la fabricación del Balche, bebida utilizada en rituales
religiosos.
El norte de Europa se vio envuelto en la práctica de
la apicultura en el momento en el que hubo la expansión
del imperio romano. En su momento constituyó emblema
de la nobleza: el papa Urbano VIII las incluyó como
símbolo en su escudo, y Napoleón Bonaparte mandó
a incluir abejas en su manto imperial cuando se proclamó
emperador en 1804.
Datos
dulces
* Para producir medio kilogramo de miel, las abejas necesitan
hacer entre dos millones y dos millones y medio de viajes
a diversas flores, lo que equivale a que 6.556 abejas recorran
uno y un tercio de la circunferencia de la Tierra.
* El color de la miel se mide técnicamente en milímetros
de la escala Pfund.
* La miel de abeja endulza 25 veces más que el azúcar
ordinaria.
* La frase Luna de miel tiene su origen en una
costumbre romana, que consistía en que la madre de
la novia dejaba en la habitación nupcial una jarra
con miel a disposición de los recién casados,
con el fin de que tuvieran un energizante que les permitiera
recuperar fuerzas luego de la noche de bodas.
* La miel posee 322 calorías por cada 100 gramos, con
la ventaja de que es una sustancia fácilmente digerible.
* La miel tiene más de 180 sustancias beneficiosas
para el organismo humano.
* Los romanos la empleaban para producir aceites aromáticos
para el tocador.
* Bajo el mandato de Ramsés II a los altos funcionarios
del gobierno se les pagaba parte de su sueldo con miel.
* Muchos de los más grandes personajes de la historia,
como Alejandro Magno, fueron embalsamados con miel, con la
finalidad de que sus cuerpos se conservaran eternamente.
* En Europa el número de colmenas se redujo en gran
medida con la reforma protestante del siglo XVII, pues disminuyó
la demanda de cera para las velas.
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