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El mundo de hoy se caracteriza por la falta de tiempo y el creciente
aumento de dolencias y enfermedades producto del estrés y
el ritmo de vida. Pero existe una manera fácil y propia de
los humanos para aliviarlas: la risa a través de sus diferentes
expresiones. Una de las más comunes y practicadas es la cosquilla.
El Diccionario de la Real Academia Española define las cosquillas
como una sensación que se experimenta en algunas partes del
cuerpo cuando son ligeramente tocadas, y consiste en cierta conmoción
desagradable que suele provocar involuntariamente la risa.
Sin embargo, ellas son hoy recomendadas por especialistas médicos
y científicos como terapias antiestrés y curativa
en los adultos y estímulo de conexión entre los padres
y los bebés.
Ahora bien, ¿cuál es el origen de esta sensación?
Muchos expertos coinciden en varios puntos. En primer lugar, el
mensaje que emiten las células tocadas al cerebro. Si éstas
son desagradables, se sentirán cosquillas; en caso contrario,
se sentirá una caricia.
En segundo lugar, el factor sorpresa. Cuando a un individuo se le
hacen cosquillas, por lo general no las espera y por ello no controla
la sensación. Este punto se reafirma con el hecho de que
es imposible provocarse las cosquillas. Aunque el movimiento sea
igual, el control ejercido sobre el cuerpo las anula.
Existen varios tipos de cosquillas así como usos posibles.
Muchas personas se refieren a ellas como forma de excitación
o fetiche especialmente en la planta de los pies; otras, en zonas
particulares del cuerpo como el torso o las piernas donde las realizan
con plumas o las yemas de los dedos.
Para aquellos seres que ven en la risa una terapia, constituyen
un medio para liberar tensiones y preocupaciones, mantenerse en
forma e incluso, alargar la vida.
De hecho, una sesión de varios minutos acompañada
de risa o carcajadas, alivia el insomnio, aumenta la autoestima
y acelera el ritmo cardíaco y tal ha sido la acogida de este
método curativo que ya está patentada una máquina
para hacerlas.
En
los bebés, se recomiendan a partir de los diez u once meses
de vida como una vía de conexión entre padres e hijos,
quienes al ver reír a sus hijos, sienten una alta satisfacción.
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Pero la historia no termina allí porque no sólo los
humanos caen rendidos ante una sesión "cosquillosa".
Los animales, como los perros y los delfines, las disfrutan y buscan
la manera de recibirlas de sus amos, tal vez por establecer ese
vínculo entre ambos.
Lo que sí hay que tener en cuenta es que las cosquillas no
deben forzarse. Hoy día, se habla incluso de cosquillas abusivas,
que no son más que las provocadas ante la negativa expresa
del que las recibe. Esto porque a muchas personas les desagrada
ser víctimas de ese hormigueo que, en ocasiones llega a originar
descontrol de esfínteres, asfixia, agotamiento y en casos
extremos, la muerte.
De cualquier manera, las cosquillas son un ingrediente positivo
que de utilizarse de forma adecuada, produce bienestar, al igual
que otros medios empleados en la risoterapia, pues promueve el contacto
entre los seres y, lo mejor de todo, los ayuda a ser felices.
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ENLACES ]||
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Fundación
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Manual
para reír
La
risa como terapia
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