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Isabel Allende comenzó a escribir La
casa de los espíritus el 8 de enero de 1981,
día en que se enteró que su abuelo estaba a punto
de morir. Lo que comenzó como una carta terminó siendo
uno de los libros más vendidos y leídos de Latinoamérica.
Con el paso del tiempo Isabel sigue comenzando sus novelas los 8
de enero, escribiendo con el corazón y narrando historias
propias y otras inventadas aunque igual de reales que las primeras.
Nació en Perú el 2 de agosto de 1942. Su padre, primo
de Salvador Allende, era funcionario diplomático en ese país.
La madre de Isabel, Doña Panchita, anuló el matrimonio
con Tomás Allende y se regresa a Chile con sus hijos. Pasados
los años se une a Ramón Huidobro, el tío Ramón.
La nueva familia vivió en Bolivia y Beirut, países
en los que la escritora pasó su infancia.
En el año 58 regresan a Chile y termina sus estudios secundarios.
Se casó por primera vez en el año 1962. Entre el nacimiento
de Paula, en el año 1963 y el de Nicolás en 1966,
Isabel vivió en Bruselas y en Suiza. A su regreso a Chile
comienza a escribir una columna llamada "Los impertinentes"
en una revista llamada "Paula". También publicó
una serie de artículos llamados "Civilice a su troglodita".
En los años 70, Isabel comienza a trabajar en la televisión
chilena. En 1975 debe mudarse a Venezuela, dadas las condiciones
políticas de Chile y la dictadura de Augusto Pinochet. Vive
en Caracas durante 13 años y en este tiempo colabora con
el diario El Nacional.
En 1978 se separa de su esposo y se muda a España por unos
meses. A su regreso a Caracas comienza a trabajar como administradora
en el Colegio Marroco. En 1981 escribe La
casa de los espíritus, libro con el que se
descubrió como persona, como mujer y como profesional de
las letras. Reconoció que eso era lo que quería hacer
toda su vida.
A la par de su divorcio en 1987, publica Eva
Luna y en la gira de promoción de libro conoce a
Willie Gordón, con quien se casa el 7 de julio de ese año.
En 1991 mientras presentaba el libro El
plan infinito, Paula, su hija, sufre un ataque de
Porfiria que la deja en estado de coma. Muere al año siguiente
y como recuerdo de ese triste momento, Isabel escribe Paula,
un libro que más que una biografía, resultó
un exorcismo ante la muerte y el dolor.
Con el paso del tiempo y de los libros publicados, algunas cosas
pasan y otras quedan. Han pasado ciertos temores, los relacionados
al oficio artesanal, como ella misma dice. Han quedado algunas costumbres,
como la de comenzar sus novelas el mismo día del calendario,
como la de encender una vela y escribir mientras esté encendida,
como la de volver a Chile en secreto para reencontrarse con los
amigos, como la de hablar siempre de su hija Paula aunque ya no
la acompañe físicamente, como la de echar mano a los
recuerdos para crear seres de fantasía, como la de ser sencilla.
Ella insiste en escuchar voces que le van dictando lo que va escribiendo.
Aparecen personajes con nombres y características propias
en sus novelas y buscan su lugar entre las páginas de los
libros, Isabel los respeta, deja que se manifiesten a su manera,
los deja libres, dueños de ellos mismos.
Quien lee a Isabel Allende con gusto porque la admira, termina creyendo
mientras se pasea por sus letras que está conversando con
una amiga, una muy ocurrente a la que le han pasado cosas espléndidas,
fatales y simpáticas. Una amiga que da risa, que enorgullece,
con la que a veces provoca llorar.
Su vida, su familia, sus amigos y sus amores están incluidos
entre las páginas de sus novelas, involucrados entre los
otros personajes de ficción, conviviendo con las demás
historias un poco inventadas y poco recordadas. Es más simple
de lo que parece: vienen los recuerdos y la escritora los pone en
el papel, vienen las imágenes y surge la necesidad de ponerle
letras, vienen los nombres y lo demás sucede solo, como en
una sinfonía donde cada nota lleva a la siguiente en el pentagrama.
DE SU PLUMA
1982 "La
casa de los espíritus"
1984 "La gorda de porcelana", breve novela humorística
escrita en 1974.
1984 "De
amor y de sombra"
1987 "Eva
Luna"
1989 "Cuentos de Eva Luna"
1991 "El
plan infinito"
1994 "Paula"
1997 "Afrodita"
1999 "Hija
de la fortuna"
2000 "Retrato
en sepia"
2002 "La cuidad de las Bestias" (por publicar)
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EN SUS PROPIAS PALABRAS
* Creo que existe el destino,
pero que uno lo puede más o menos manejar y convertir una
situación en positiva o en negativa. El destino hizo que
mi hija Paula muriera y yo no pude cambiarlo. Durante un año
luché desesperadamente por salvarla, llegó un momento
en que empecé a rezar para que muriera. Eso yo no lo escogí.
Eso me cayó encima. Ahora, puedo morirme de la desesperación
o transformarla en una experiencia creativa y de aprendizaje.
* Creo que la humanidad tiene
necesidad de historias. Tan antigua como la humanidad misma es la
necesidad que tenemos de la historia que nos explica a nosotros
mismos. Hay muchas clases, pero algunas perduran, se repiten y se
transforman. Es como un mito que se expresa a través de ellas.
Yo creo que nuestros tatarabuelos, sentados alrededor del pueblo,
en esos inviernos eternos de la Edad de Piedra, ya estaban escuchando
historias. Las historias son a la sociedad lo que los sueños
son al individuo.
* Por ahí andan diciendo
que soy una "matriarca" de las letras, pero la verdad
es que estoy empezando y me falta todo por aprender.
* Con cada nuevo libro tengo
la sensación de que debo inventar todo de nuevo, siento la
misma inseguridad de la primera vez. Tal vez logro evitar los errores
del pasado, pero aparecen nuevos obstáculos y vuelvo a tropezar.
* Mi vida está relacionada
con el dolor, la pérdida, el amor y la memoria. El dolor
y las pérdidas son los maestros, los que me han hecho crecer.
El amor ayuda a aprender sobre la tolerancia y me da placer (sé
que suena poco original) La memoria es el material principal de
mis escritos.
* Siempre digo que la escritura
es para mí un ejercicio de supervivencia. Es lo que me salva
a veces de la locura, a veces de la depresión, a veces del
suicidio. Cuando Paula murió, lo único que quería
era morirme, lo único... Me he demorado dos años en
salir de ese estado de ánimo. Y me ha salvado el ejercicio
cotidiano de escribir.
* Escribo como puedo y no pienso
en quién la va a leer ni cómo va a ser recibida, ni
siquiera algo que ver con lo anterior. Lo que sí me doy cuenta
después de 17 años escribiendo es que todo lo que
escribo tiene algún eco con algo mío ¿Por qué
escojo esos personajes? ¿Por qué esos personajes tienen
que decir eso y ninguna otra cosa? Es porque en el fondo estoy queriendo
decir algo que tiene que ver conmigo.
* Los cincuenta años
son como la última tarde, cuando el sol se ha puesto y uno
se inclina naturalmente hacia la reflexión. En mi caso, sin
embargo, el crepúsculo me induce a pecar y, tal vez por eso,
en la cincuentena reflexiono sobre mi relación con la comida
y el erotismo.

La
casa de los espíritus
De
amor y de sombra
Retrato
en sepia
Hija
de la fortuna
Paula
El
plan infinito
-ENLACES-
Página
oficial (en español)
Página
oficial (en inglés)
Del
oficio de la escritura,
por Isabel Allende
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