TEMAS | Ciencia y Salud | Disfunción sexual
         
 

Dejando atrás los excesos prejuiciosos y la timidez, la sociedad moderna ha dado el paso para ventilar las carencias y fallas sexuales, en busca de soluciones que mejoren su condición de vida y relación de pareja.

El peso, la estatura o cualquier detalle de la anatomía del hombre ya no son puntos relevantes para disfrutar de una buena relación sexual, pues el estrés y el agotamiento físico se han apoderado de la mente interrumpiendo el proceso erótico, lo que ha dado paso a la tan conocida disfunción sexual.

La disfunción sexual es un problema complejo que afecta a hombres y mujeres casi en la misma proporción, y se manifiesta con la falta de interés o incapacidad física y emocional para desarrollar adecuada y satisfactoriamente una relación sexual. Muchos se alarman cuando escuchan términos como disfunción sexual, disfunción sexual orgásmica, anorgasmia o excitación sexual inhibida, pero bajo la misma significación este padecimiento es más común de lo que se cree y más solucionable de lo que parece.

Según los especialistas, el deseo sexual responde a un proceso psicosomático complejo basado en la actividad cerebral, pero si ésta sufre alguna variación por agentes externos como la apatía, el aburrimiento, la depresión o la infelicidad, se origina un proceso de desincronización en los factores mentales que proporcionan el deseo y la excitación dejando la mente prácticamente en blanco para pensar en generar reacciones positivas a la estimulación sexual.

Causas y efectos

Tanto en hombres como en mujeres, la disfunción sexual tiene una larga lista de causas y efectos físicos y mentales estrechamente relacionados con sus raíces y soluciones; y aunque parezca no guardar ninguna relación, el consumo de drogas, tabaco o bebidas alcohólicas, así como el padecimiento de enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, obesidad o de transmisión sexual son algunas de las más comunes.

El estrés, la ansiedad, los sentimientos de frustración, temor, culpa, baja autoestima, traumas sexuales, falta de comunicación y monotonía, son sentimientos que disminuyen la libido y no generan ningún tipo de deseo sexual, originando también el síndrome de la disfunción sexual.

La manifestación de la disfunción sexual puede darse en varias formas, ya que generalmente las mujeres dejan de sentir ganas de estar con su pareja, de ser acariciadas o estimuladas, mientras los hombres presentan problemas para mantener la erección o eyacular en el momento indicado.

Trabajo en equipo

La disfunción sexual siempre han sido motivo de gran preocupación y causante de muchos problemas emocionales y sociales entre los hombres y mujeres que lo padecen.


Muchos mitos y tabúes relacionados con la masculinidad o femineidad han hecho que durante muchos años el tema de la disfunción sexual haya estado oculto, sin embargo, los sexólogos afirman que sólo si se trata de disfunción sexual por problemas físicos o enfermedades que impliquen tratamiento de larga duración o intervenciones quirúrgicas, la disfunción sexual no se resuelve en casa. El primer paso debe ser detectar la causa del trastorno sexual, consultar con especialistas en el tema y ceder ante el tratamiento indicado para superar la apatía sexual.

Si el caso es contrario y la disfunción viene dada por alteraciones psicológicas, ésta se ataca con el apoyo de la pareja y el trabajo mental.

Por un lado, se deben evaluar todos los medicamentos, tanto los de venta libre como los de prescripción, para conocer los posibles efectos secundarios que se relacionan con la disfunción sexual. Por otro, las parejas que son honestas y abiertas acerca de sus preferencias y sensaciones sexuales tienen más posibilidades de evitar algún tipo de disfunción sexual. Si un compañero no sabe lo que la otra persona quiere, no la puede complacer. Algunas pueden requerir de asesoría conjunta para abordar los problemas interpersonales y los estilos de comunicación. En algunos casos, se puede recurrir a la psicoterapia para tratar ansiedades, miedos, inhibiciones o una mala imagen corporal.

“La casa ha dejado de ser un lugar de encuentro e intimidad y en muchos casos se ha transformado en un espacio donde se busca el aislamiento de los estímulos, la relajación y el silencio mental. Estando juntos los miembros de la pareja no se hablan o evitan toda comunicación que implique una cierta intensidad emocional. El punto es que para que haya vida erótica es necesario que exista vínculo humano, y el desencuentro lo limita o impide. La fatiga y el hastío disminuyen la motivación hacia el encuentro erótico, y hacen que el acercamiento sensual implique un enorme esfuerzo".
León Cohen, Psiquiatra.


“Cuando el sexo no está acompañado por el placer, se convierte en un deber más que en una experiencia de satisfacción mutua e íntima”

¿Sabías que?

Las disfunciones sexuales son más comunes en los primeros años de la vida adulta y la mayoría de las personas se preocupan por dichas condiciones a finales de sus 20 años hasta principios de los 30.
Los hombres tardan cuatro años y las mujeres cinco en hablar sobre sus disfunciones sexuales.
 
 

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