TEMAS | Ciencia y salud | Hepatitis
           
   

Para hablar de la hepatitis debemos primero hablar del hígado, que es el órgano atacado principalmente por este proceso viral.

Este órgano es el más grande del cuerpo humano, se encuentra ubicado en la parte superior del abdomen debajo del diafragma. Su coloración es rojiza y se encuentra compuesta por 2 lóbulos principales.
Este órgano tiene la importante tarea de limpiar nuestra sangre de toxinas y otras sustancias nocivas para nuestro cuerpo. Es por ello que cuando se enferma el hígado las consecuencias pueden ser severas.

El hígado produce la mitad del colesterol del organismo, y éste lo utiliza como uno de los componentes principales de la bilis. Además, los azúcares que consumimos son acumulados en forma de una sustancia llamada glicógenos que se transforman en glucosa a medida que el cuerpo necesita energía.

Tipos de Hepatitis

Hepatitis A

Esta variante de la enfermedad es de carácter infecciosa y se puede contagiar por vía oral o por la ingestión de alimentos y bebidas contaminadas con heces fecales, materiales contaminados, entre otros. El período de incubación de esta tipología es de dos semanas hasta 50 días.

Aunque todas las personas pueden ser víctima de la hepatitis A, las que son consideradas de alto riesgo son aquellas expuestas al virus que viven con algún portador, tales como homosexuales, viajeros frecuentes, personal docente y alumno de guarderías u hogares de cuidado diario.

Los síntomas de esta variante pueden ser cansancio generalizado, diarrea, fiebre, dolor estomacal, entre otros. La mayoría de las personas no necesitan atención médica especializada, ya que se recuperan a los pocos días.

Una manera eficaz de protegerse la hepatitis A es la vacunación preventiva.


Hepatitis B

La hepatitis B es una tipología de la enfermedad que tiene carácter sérico, es decir se contrae por la vía sanguínea o de intercambio de fluidos corporales. Las personas pueden contagiarse por medio de relaciones sexuales sin protección, al compartir agujas intravenosas, al tatuarse con instrumentos que no estén esterilizados, al compartir utensilios de cuidado personal con alguien infectado, entre otros.

Los síntomas más comunes son similares a los de la hepatitis A; sin embargo, algunos pacientes pueden confundir esta enfermedad con la influenza o gripe, ya que la sintomatología es parecida.

El tratamiento es variado, ya que según el nivel de la hepatitis se recomiendan diferentes medicaciones. En última instancia el médico tratante puede recomendar la cirugía debido a que las funciones hepáticas se pueden ver comprometidas.

La vacunación para prevenir esta enfermedad se administra en 3 dosis.

Hepatitis C y D

Las variantes C y D son similares a las anteriores en cuanto a los síntomas, tratamientos y vacunas; variando el tipo de virus que las ocasiona.

Como todas las enfermedades no hay mejor cura que la prevención, de allí que las campañas de vacunación contra la hepatitis y todas su variantes es de vital importancia.

Las personas que hayan sufrido de este mal, a excepción e los contagiados con la variante A, no pueden ser donantes de sangre ya que el virus se mantiene en la sangre de manera asintomática.

FUENTES

http://digestive.niddk.nih.gov/

http://www.tuotromedico.com

 
 

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