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Agnes
Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como la Madre Teresa de Calcuta, nació
el 26 de agosto de 1910 en Skopje, Albania. Agnes era la hija menor
del matrimonio entre Nikola y Drane Bojaxhiu. La crianza que le dieran
sus padres y su estrecha relación con la parroquia jesuita
del Sagrado Corazón influyeron fuertemente en el inicio de
su vocación religiosa.
En
septiembre de 1928, a la edad de 18 años, Agnes Gonxha dejó
su casa para ingresar al Instituto de la Bienaventurada Virgen María
en Irlanda, mejor conocido como la Orden de las Hermanas de Nuestra
Señora de Loreto. Un año después fue enviada
a Darjeeling para realizar el noviciado; allí tomaría
el nombre de Teresa, en honor a una monja francesa llamada Thérèse
Martin quien fue canonizada en 1927 bajo el nombre de Santa Thérèse
de Lisieux.
Al
profesar sus primeros votos, la Madre Teresa fue transferida al
Saint Mary's High School en Calcuta, en donde se desempeñaría
como directora e iniciaría su camino en la predicación
de la alegría de amar y la grandeza y dignidad de cada ser
humano. Durante los 20 años de servicio en la escuela de
niñas de Calcuta, esta religiosa se caracterizó por
su caridad, altruismo y coraje. Sin embargo, su vida cambiaría.
En 1946, durante su retiro anual, la Madre Teresa recibiría
un segundo llamado de Dios.
"Ven
y sé mi luz"
Durante
su ejercicio religioso la Madre Teresa recibiría un segundo
llamado de Dios al que ella describiría como la "inspiración".
En esa anunciación, Jesús le reveló a Teresa
su deseo porque ella encontrara "víctimas de amor"
para irradiarles a esas almas, su devoción. "No puedo
ir solo" le confesó Jesús. Y le confió
su dolor por el olvido de los pobres y su pena por la ignorancia
que tenían de él. De este encuentro con Dios, la Madre
Teresa de Calcuta decide separarse de las actividades que venía
desempeñando para dedicarse al servicio de los más
pobres.
En
el año 1948, el Papa Pío XII le concedió el
permiso a la Madre Teresa para dejar sus funciones y comodidades
habituales de monja del convento de Loreto, para dedicarse a compartir
su vida con los pobres, enfermos y más necesitados de las
calles de Calcuta; fundando más adelante la congregación
de las Misioneras de la Caridad.
En
1949 se le unió la primera religiosa y en poco tiempo se
le fueron aunando algunas de sus ex-estudiantes del bachillerato
Saint Mary. Cada hermana de las Misioneras de la Caridad debe dedicar
su vida a servir a los pobres sin aceptar ningún beneficio
material por recompensa; haciendo énfasis que su trabajo
por los pobres ha de hacerse tanto en la esfera espiritual como
en la esfera material.
Las
siguientes palabras de Sor Nirmala Joshi, actual Superiora General
de las Misioneras de la Caridad explican por sí solas el
sentido de la obra de la Madre Teresa de Calcuta:
"Al
aliviar la pobreza de un hombre ya se da un remedio a la causa de
la misma pobreza. El hecho de ser capaz de ayudar a estas personas
constituye ya de por sí una manera de eliminar la pobreza,
pues ofrecemos la posibilidad de compartir la pobreza. De hecho,
la pobreza se debe, en muchos casos, al egoísmo y a la ignorancia:
la gente no sabe o no quiere compartir nada con los demás.
Sin embargo, el trabajar en pro por los demás ofrece la posibilidad
de compartir".
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En
1965, el Papa Pablo VI colocó a las Misioneras de la Caridad
bajo el control del papado y autorizó a la Madre Teresa a
expandir la orden religiosa a otros países, siendo Venezuela
el primer lugar donde se abrió la primera casa fuera de la
India. Luego siguieron las fundaciones en Roma, Tanzania, la Unión
Soviética, Albania, Cuba, entre otras.
Actualmente,
la Congregación fundada por esta religiosa de cuenta con
más de 3.000 personas y mantiene misiones en unas 200 ciudades
de los cinco continentes.
La
Madre Teresa consciente de que necesitaba más personas para
responder con mayor efectividad a las necesidades de los pobres,
fue incluyendo a los hombres que sentían el llamado a la
vida religiosa en su apostolado; al igual que a los laicos.
De
esta idea nacieron los Hermanos y los Padres Misioneros de la Caridad,
los Colaboradores de la Madre Teresa, los Colaboradores Enfermos
y Sufrientes, los Misioneros de la Caridad Laicos y el Movimiento
Sacerdotal Corpus Christi, para aquellos sacerdotes que compartían
su carisma y su espíritu.
Los
más pobres de los pobres
A
la Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar
la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más
pobres entre los pobres, quienes siempre fueron los hijos de esta
sierva de Dios. Leprosos, enfermos de sida, huérfanos, desahuciados,
hallaron en el espíritu y manos de la Madre Teresa quien
repartió su caridad desde diversas partes el mundo.
Su
sacrificada misión obtuvo un reconocimiento internacional
a través del Premio Nóbel de la Paz en 1979 y de numerosos
galardones entre los que se encuentran: Premio Indio Padmashri en
1962, el Premio a de la Paz Juan XVIII en 1971, el Premio Templeton
en reconocimiento al progreso de los valores religiosos, entre otros.
Luego
de muchas peregrinaciones y visitas a muchos países, su salud
se fue resquebrajando. Para 1989, se agravó su afección
coronaria y se le implantó un marcapasos. Aún así,
la religiosa de la caridad, siguió su camino y sus trabajos
en pro de los pobres y más necesitados.
En
1996, fue recluida en el hospital Woodlands Nursing Room de Calcuta
donde murió un año más tarde el 5 de Septiembre
de 1997. Su cuerpo fue expuesto en la sede de la congregación
de las Misioneras de la Caridad y el gobierno indio la enterró
con honores militares.
A
su funeral acudieron personalidades, políticos y personas
de todas partes del planeta para darle su último adiós.
A casi dos años de su muerte, el Papa Juan Pablo II abrió
la causa para su canonización. Después de pasar por
todos los protocolos e instancias para el estudio de virtudes y
milagros acreditados, la Madre Teresa de Calcuta fue beatificada
el pasado 19 de octubre de 2003.
Teresa
de Calcuta fue un testimonio de la alegría de amar; de la
nobleza y respeto de cada ser humano; del valor de las pequeñas
cosas hechas con fidelidad y amor; además del valor incomparable
de la amistad con Dios.
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