| | "El
mito de la reproducción gráfica del movimiento- que eso y no otra
cosa es el cine- nace, en la noche remota de los tiempos, en el cerebro del hombre
primitivo" Román Gubern, 1989. El
cine nace como un medio de comunicación de masas en la sociedad basándose
en la fotografía, ya que esta era el reflejo más icónico
de la realidad desde el comienzo del siglo XIX. El inconveniente de esta representación
era que, plasmada en un papel, carecía de movimiento real. Así Peter
Mark Roget llegó en 1824 a la conclusión de que "todo movimiento
se podía descomponer en una sucesión de imágenes fijas".
Gracias a él, los fotógrafos de la segunda mitad de siglo XIX se
dedicaron a investigar y desarrollar distintos aparatos que irían perfeccionándose
hasta conseguir esa sensación o ilusión de movimiento. El
primer aparato que incorporó una película de fotogramas continuados
fue el Kinetoscopio, creado por el estadounidense Thomas Alva Edison. La única
diferencia de este invento con el cine fue que la película no se proyectaba,
se veía a través de un visor para una sola persona luego de introducir
una moneda. Esto no hizo posible que se convirtiera en un fenómeno de comunicación
de masas, y se quedó como un aparato de entretenimiento. Aún así,
fue el primer paso hacia el cine, sólo faltaba proyectarlo. Del
cine mudo al sonoro
Se podría decir que, en general,
el cinematógrafo fue, en sus comienzos, una atracción de feria.
Se realizaron numerosos cortos a principios del siglo XX con el fin de proyectarlos
para los visitantes de las ferias.
La primera industria del cine se desarrolla
en Francia impulsada por los hermanos Lumière. Aprovechando su fábrica
de placas fotográficas, comienzan a distribuir sus aparatos de filmación
cinematográfica y contratar a actores, operadores de filmación,
etc. Todo esto aumentó en pocos años el número de películas
realizadas. Fue tan grande el éxito las exhibiciones en las ferias que
los Lumière no pudieron impedir que el cinematógrafo saliera del
país, obligándoles a venderlo y así, se crearan nuevas industrias
en Gran Bretaña, Alemania e Italia.
En Estados Unidos, a principios
de siglo, Edison no permitió la entrada del cine debido a que lo consideraba
una copia y, a su vez, una amenaza para su patentado kinetoscopio. Pudo retrasar
la entrada del cinematógrafo durante un tiempo, hasta que tres años
más tarde, los empresarios estadounidenses notaron cómo en Europa
el cine estaba generando dinero. Una vez introducido el cine a este país,
las películas se extendieron en su duración y se comenzaron a utilizar
nuevas técnicas. También se construyeron estudios de rodaje y productoras.
Éstas últimas se encargaron de montar salas de proyecciones que
se denominaron níkel odeones, debido a que la entrada costaba sólo
una moneda de níquel de cinco centavos. Lo cierto es que la industria europea
superaba a la americana, por lo menos hasta el año 1914.
En Europa
apareció el primer largometraje del que se tiene conocimiento, llamada
Viaje a la Luna (1902, Georges Mèlies) mientras que en Estados Unidos,
Edwing Porter realizó la primera película con argumento, El gran
robo del tren 1903, con una duración de diez minutos.
Lo que ocurrió
con la industria europea en 1914 es otra historia. Las producciones se paralizan
debido a la primera guerra mundial e hizo que los cineastas se trasladaran a Estados
Unidos, donde se venían haciendo desde principios de siglo películas
históricas, es decir, del Oeste.
Gracias a esta migración
de cineastas europeos, la industria del cine norteamericano se desarrolló
notablemente y a finales de 1918 Hollywood fue escogido como el lugar para construir
grandes estudios, dado el bajo costo de sus suelos. Para el momento en el que
la guerra llegó a su fin, la industria americana superaba a la europea,
no sólo en experiencia sino en presupuesto.
Antes de la segunda
guerra mundial existían tres grandes industrias de cine en Europa: la alemana,
la rusa y la francesa. El cine alemán era un cine de realismo impresionista
paralelo a la corriente expresionista del jinete azul. La figura más importante
de este cine es F. Lang, creador de "Metrópoli.1927". El cine
ruso que se hace después de la primera guerra mundial fue también
muy expresionista pero, a diferencia del alemán, tuvo un carácter
educativo y propagandístico. Fue un arte controlado por el estado bolchevique.
Entre los cineastas rusos se descataron Einsenstein (La huelga, 1924) y Pudovkin.
El cine francés fue otra gran industria donde destacaron las películas
históricas que exaltaron las glorias nacionales o biografías como
la de Napoleón. También se destacó el cine vanguardista en
el que se vio la influencia de los cineastas rusos.
A la par, en Norteamérica
se desarrolla el cine como una enorme industria y aparece el Star System, con
lo que las productoras generaban una mayor expectación al explotar la vida
de sus actores.
Tras la guerra, los temas a tratar en las cintas iban
vinculados con la autoestima del país y la gran victoria de la guerra.
Más adelante, se harían comedias de cine mudo y, como figura más
destacada, aparece Charles Chaplin, un ejemplo del cine británico instalado
en Estados Unidos. De su mano aparecieron otros cómicos como Buster Keaton,
y más adelante Laurel & Hardy. En este momento, las comedias románticas
fueron de gran importancia. |
| Por
razones económicas, La Warner, una de las industrias más grandes
de Estados Unidos en la época, comenzó a buscar un incentivo para
atraer a la gente a ver sus cintas. A finales de los años 20, se incorporó
el sonido al cine en el film El cantante de Jazz (Jolson, 1926). La primera película
hablada fue Las luces de New York (1928)
Unos años más tarde,
el cine sonoro llegó a Europa. Los rusos son los primeros en incorporarlo,
concretamente por Alexandrov y Einsenstein, que hacen público el Manifiesto
del sonido. Seguidamente se incorporaron Francia e Inglaterra y, con mucho retraso,
apareció el cine español y el italiano. En 1932, se perfeccionó
el proceso technicolor, que se utilizó por primera vez en 1937, en la cinta
Becky Sharp.
El cine en color llegó en 1935 con la película
La feria de las vanidades, de Rouben Mamoulian, aunque artísticamente su
plenitud se consigue en el film de Víctor Fleming, Lo que el viento se
llevó (1939). El cine de animación se fue implantando entre los
gustos del público, especialmente entre los más pequeños.
Walt Disney es el creador americano predilecto incluso más allá
de su propio país.
Los trucajes siempre han sido una de las especialidades
más estimadas por el público. La ubicación de castillos en
paisajes donde no han existido, a partir de cristales pintados, o la recreación
de un gorila gigante a partir de un simio pequeño o de maquetas, son muestras
de la magia del cine.
Frente a directores con planteamientos principalmente
comerciales, hacen aparición otros con nuevas inquietudes estéticas.
Es el caso de Von Stroheim, Hitchcock o Orson Welles; éste último
realizó las obras maestras Ciudadano Kane (1941) y El cuarto mandamiento
(1942). Para
esta misma época pero en Europa, las cinematografías de los países
con gobiernos totalitarios orientaron sus esfuerzos a realizar un cine políticamente
propagandístico. Específicamente en el Estado Soviético,
se presentó una excepción con las cintas de S. M. Eisenstein, como
lo demuestran los films Alexander Nevsky (1938) e Iván el Terrible (1945).
El
cine de la segunda guerra
El cine estuvo condicionado por la
propia circunstancia de la guerra. Esta supondría el gran boom del cine
de propaganda, por lo que durante la guerra el cine se convertiría en un
instrumento para propagar ideologías políticas.
Se produjo
un nuevo éxodo de cineastas europeos a Estados Unidos, perjudicando la
industria europea y ensalzando a la americana. El cine alemán marcó
la pauta para la propaganda. Los nazis proyectaron en los cines la ocupación
de Polonia y Francia. A su vez, en la industria americana florecen directores
clásicos como Capra o Wilder.
Acabada la guerra, Europa se vio
sumida en una crisis económica que le impide seguir desarrollando la industria
cinematográfica. Sin dejar a un lado el hecho de que con la aparición
de la televisión (1947, en Estados Unidos y 1950, en Europa), la industria,
en general, sufrió una gran crisis.
El adelanto más significativo
que hizo el cine para esta época fue el descubrimiento del proceso de pantalla
ancha Cinemascope en 1953, que hizo posible la majestuosidad de muchos de los
planos de la producción Ben-Hur (1959).
Hasta este punto de la
historia llega lo que se conoce como el cine clásico. Las siguientes décadas
estuvieron marcadas por adelantos y otros acontecimientos importantes. Las
últimas décadas
A finales de los años
70, y después de unos años de cine espectacular basado en el catastrofismo,
se impone la recuperación de la superproducción desde del punto
de vista de la calidad y de la rentabilidad. Concretamente de la mano de Georges
Lucas, La Guerra de las Galaxias (1977), y de Steven Spielberg, realizador de
Encuentros del Tercer Tipo (1977).
Paralelamente, otros directores apuestan
por un cine igualmente comercial pero tratando con un estilo de realización
muy personal y creativo, como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Brian de
Palma, Burton, Lynch, por nombrar a algunos.
En los años 80, la
aparición e introducción del vídeo, y el aumento de los canales
televisivos por vías diferentes, hacen que el público vea más
cine que nunca, sin salir de casa. Es preciso buscar de nuevo espectacularidad:
películas con muchos efectos especiales atrajeron a los espectadores hacia
la sala oscura.
Frente a este cine consumista aparecen autores más
preocupados por los temas políticos y, sobre todo, por la injerencia de
los Estados Unidos en otras zonas del mundo. También son tiempos de grandes
melodramas y de recuperación de la comedia; en ésta última
destaca Woody Allen.
La variedad, las grandes producciones, los efectos
especiales, las grandes estrellas y toda una industria que mueve millones de dólares
han sido algunas de las características del cine de los últimos
años. El sueño es el mismo. Proyectar la realidad y convertirla
en una verdad para los espectadores.
ENLACES:
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