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Aunque todas las personas utilizan la palabra estrés, la mayoría
la relaciona con preocupación, y no necesariamente éstas
son sinónimas. ¿Sabes qué es el estrés?
El
doctor Hans Selye, nacido en Viena en 1907, fue el primero que utilizó
el término estrés en durante los años 30. Lo
definió como una respuesta no específica del cuerpo
ante una demanda externa.
Con
el tiempo, este concepto se ha ido nutriendo de otros investigadores
y se ha llegado a otras definiciones que lo enmarcan como un exceso
de demandas al organismo y por ende, su incapacidad para manejarlas.
El
diccionario enciclopédico Salvat, define al estrés
de la siguiente manera: "estado general de tensión en
que se halla un organismo amenazado de ser alterado perturbado en
su equilibrio psicobiológico por la acción de agentes
o condiciones ambientales (psicológicas, sociales, físicas,
etc.)".
Según
los investigadores en el tema, el estrés se genera en el
cerebro cuando ocurre un cambio en tu vida, sin importar si éste
es positivo, negativo o imaginario.
En
el cerebro humano, las células se comunican entre sí
para realizar todas las actividades del cuerpo. En determinadas
situaciones, como por ejemplo el peligro, se segrega adrenalina
y ésta se esparce por el organismo, alertándolo para
que responda adecuadamente. El problema se presenta cuando el cuerpo
se mantiene en estado de alerta por un período largo. Se
inicia lo que se conoce como estrés y la comunicación
de las células cerebrales comienza a deteriorarse. Es allí
cuando se manifiestan los síntomas: insomnio, dolores, angustia
y depresión, entre otros.
A
pesar de la explicación química de esta alteración
física, hay otros factores de la vida cotidiana que pueden
incidir en su aparición, entre los que se encuentran:
-
Problemas emocionales: peleas, conflictos familiares, cambios, mudanzas,
divorcios, separaciones, por nombrar algunos.
- Enfermedades: dolores, operaciones, o cualquier cambio físico.
- El exceso: trabajar o divertirte demasiado, dejando a un lado
el descanso que requiere el cuerpo para recuperar energía.
- El medio ambiente: climas muy fríos o muy calurosos, cambios
de temperatura, contaminación, toxinas.
- Cambios hormonales: los que ocurren en la pubertad, en el embarazo,
en las mujeres antes de menstruar, durante la menopausia.
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Experimentar
estrés es prácticamente normal. El problema se genera
cuando esta condición no se supera y comienza a afectar al
funcionamiento normal del cuerpo. Algunos de los síntomas
del estrés son: aumento de la presión arterial, insomnio,
alteraciones del sueño y del apetito, agotamiento y gastritis,
entre otras.
El exceso de estrés puede ocasionar la aparición de
enfermedades serias graves como: malestares cardíacos, cerebrales,
hipertensión, úlceras. Igualmente, esta condición
puede alterar ciertas funciones inmunológicas del organismo.
Erradicar
el estrés, cambiar de actitud
En
un primer acercamiento al tema, pareciera que no hay solución
para este mal. Es importante tener claro que los cambios existen
en la vida de todo ser humano, es decir, las causas del estrés
siempre estarán presentes. Sin embargo, la respuesta se
encuentra en la modificación de la actitud ante los estímulos
externos que ocasionan la tensión en tu cuerpo. ¿Cómo
hacerlo? Hay algunos consejos que pueden ayudar a combatir esta
condición con la finalidad de lograr una existencia más
equilibrada y menos tensa.
-
Respira. Comienza a practicar algunos ejercicios respiratorios,
puedes empezar buscando un sitio tranquilo, colócate de
pie con los brazos a los lados de tu cuerpo, cierra los ojos y
comienza a respirar tranquilamente, concentrándote en el
sonido de la misma.
- Anticipa algunos hechos. Algunos cambios pueden ser controlados
por los seres humanos. Adelántate a ciertos acontecimientos
que puedan ocasionarte tensión, como por ejemplo una entrevista
de trabajo o un discurso. Así ganarás confianza.
- Visualiza. Usa tu imaginación para tranquilizarte. Piensa
en el cambio o situación que enfrentas y piensa en lo que
te gustaría que sucediera. Trata de verlo en tu mente con
todos los detalles que puedas.
- Medita. Sin tener mayores conocimientos en el tema, puedes buscar
un lugar tranquilo para pensar, relajarte y colocar tu mente en
blanco.
- Masajes. Esta práctica puede ayudarte a aliviar los niveles
de estrés de tu cuerpo.
- Escribe. Cuando sientas tensión, busca un lápiz
y un papel y escribe lo que sientes, es una manera sana de sacar
lo que llevas dentro.
- Escucha música. Es una manera alternativa de relajarte.
- Tómate unos días libres. Son una buena manera
de encontrar la paz interna.
- Grupos de apoyo. Rodearte de tus seres queridos en los momentos
de tensión te ayudará.
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