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Visitar Barcelona es enamorarse de ella. Eso aseguran quienes han
tenido la dicha de visitarla y han regresado para contarlo, superando
el deseo de quedarse en ella pero abrigando la esperanza de volver
a verla.
Principal ciudad de la Provincia Catalana e importante centro industrial
y marítimo de España, Barcelona es una ciudad que se
ha atrevido a crecer sin olvidar o destruir su historia, conjugando
en armonía matices tan distintos como el Barrio Gótico,
La Rambla, la moderna Villa Olímpica y la maravillosa obra
de Gaudí.
Barcelona es también, como toda España, templo de adoración
de los amantes del balompié pues alberga a dos importantes
equipos de la Primera División de la Liga de ese país
que datan de principios del siglo XX: El Fútbol Club Barcelona
y el Espanyol.
La cultura igualmente ocupa un lugar importante en la vida barcelonesa,
que alberga gran cantidad de museos, escenarios musicales como el
Palau de la Música Catalana y su impresionante y variada arquitectura.
Barcelona es un lugar para degustar, como se hace con un buen vino
del valle de Penedés, recorriendo su historia a través
de sus edificios, parques, plazas, museos, calles y avenidas.
Su historia: del embrión a nuestros
días
Un siglo antes del nacimiento de Cristo, los romanos establecieron
una pequeña colonia cerca de los antiguos poblados ibéricos
de Barceno y Laiesken, en los alrededores del Monte Táber,
que bautizaron con el nombre de Barcino. Así nacía Barcelona.
Bajo el auspicio romano, Barcino se convirtió en un núcleo
urbano estructurado, se levantó un templo y se construyeron
murallas para defensa de la naciente Barcelona.
A principios de la Edad Media, la ciudad es ocupada por los árabes
y es liberada por los Francos que delegan el gobierno de la misma
a una serie de Condes. Barcelona se convierte en la ciudad Condal.
La ciudad experimentó un crecimiento a las afueras de la muralla
romana con el nacimiento de arrabales que tenían como centro
una iglesia o monasterio románicos. La expansión de
Barcelona obligó la construcción de una segunda pared
para la protección de los nuevos núcleos urbanos.
En la transición de lo Medieval al Renacimiento, Barcelona
seguía creciendo gracias el importante desarrollo del comercio
marítimo en el Mediterráneo y al progreso de la industria
catalana que generaba puestos de trabajo, que atraían a trabajadores
de toda Europa.
El impulso de la economía barcelonesa auspició la construcción
de importantes edificaciones góticas que aún se conservan
en lo que actualmente se conoce como el Barrio Gótico.
La ciudad condal creció más allá de la segunda
muralla, lo que hizo necesaria la construcción de un tercer
muro para su resguardo.
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El
principio de la Edad Moderna en Barcelona se vio marcado por dos
conflictos bélicos, la Guerra de Sucesión entre el
archiduque Carlos de Asturia, quien garantizaba a los catalanes
la independencia política, y el Rey Felipe V de Borbón,
quien deseaba implantar un régimen monárquico absolutista
y centralista. Los barceloneses lucharon por sus libertades pero
cayeron derrotados.
Bajo el gobierno de los borbones se levantó en Barcelona
la fortaleza militar de la Ciudadella para garantizar el control
sobre el territorio recién conquistado. La inversión
militar hecha por el nuevo monarca, el desarrollo de la industria
y la libertad de comercio con América dio un nuevo impulso
a la economía de la ciudad.
En el siglo XIX, España vive momentos de convulsión.
La monarquía es derrotada y se crea la Primera República,
dos de sus presidentes son catalanes lo que beneficia el desarrollo
de la ciudad. Pero la república cayó tras un golpe
de estado que devuelve el poder a un Borbón, Alfonso XII.
A pesar del revolucionado ambiente político, la ciudad Condal
sigue creciendo, las murallas son derruidas para facilitar la expansión
y el gobierno central aprueba el Plan Cerdá del Ensanche
de Barcelona, que significó la adhesión de núcleos
urbanos cercanos como Sants, Gràcia y Sant Martí de
Provençals, además la destrucción de la Ciudadela
militar para acoger la Exposición Universal de 1888.
El siglo XX convirtió a Barcelona en una metrópoli
moderna con la irregular continuación del Plan Cerdá,
la urbanización del Montjuïc y el Tibidabo como parte
del desarrollo realizado para la Exposición Mundial de 1929,
la construcción de edificaciones modernistas entre las que
destacan las obra de Antoni Gaudí, Puig i Cadalfalch y Domenèch
i Montaner, la realización de importantes trabajos de pavimentación,
electrificación y la inauguración del metro.
En 1936, se iniciaba la Guerra Civil Española que culminaría
tres años después con la caída de la Segunda
República y la implantación de la Dictadura Franquista.
El conflicto fraticida resultó en un país y una economía
en ruinas. Pero España, y también Barcelona, superaron
las desgracias de la guerra. La ciudad condal vio diversificar su
industria y reanudó su crecimiento económico.
En 1987, el Comité Olímpico Internacional dio a Barcelona
una noticia que impactaría nuevamente tanto su historia como
su estructura, la ciudad fue seleccionada como sede para los Juegos
Olímpicos del 92.
Barcelona desarrolló una gran cantidad de obras en torno
a la Villa Olímpica que significaron una profunda renovación
de la ciudad y organizó unos Juegos Olímpicos memorables.
La ciudad condal recibió así un empujoncito que le
significó convertirse en la contemporánea metrópoli
cosmopolita que es hoy.
La famosa Rambla
Rambla en lenguaje árabe quiere decir "lecho de río",
y es que hace mucho tiempo lo que hoy conocemos con este nombre
no era más que un pequeño riachuelo maloliente abarrotado
de basura y excrementos, hasta que, a finales del siglo XVIII, el
ingeniero militar Cermeño delineó una amplia avenida
arbolada que se ha convertido a través de los años
en lugar para el paseo y el encuentro y parada obligada de cualquier
turista. |
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