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Hay
hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año
y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles
Bertolt Brecht Silvio Rodríguez
es un personaje particular. Es un artista, pero no le gusta hablar de su vida,
de sus cosas, de lo que hace o deja de hacer; es un revolucionario, de la música,
de la patria, de sus convicciones; es un cantautor, reconocido, admirado, querido,
rechazado y odiado de vez en cuando; es padre de cinco hijos, es dibujante y fotógrafo,
es diputado, es cubano, es hombre. Silvio nació en un pueblo cubano
llamado San Antonio de los Baños, un 29 de noviembre de 1946. Allí
transcurrieron los primeros años de su vida, a 26 kilómetros de
La Habana, escuchando los sones y boleros de su madre, con un tío que le
cantaba rumbas al pie de la cuna y una abuela que lo dormía con la música
que salía de la radio. La primera vez que Silvio cantó
en público fue en un concurso de la isla llamado Buscando Estrellas. Cantó
un bolero llamado "Viajera" y todos quedaron maravillados ante el talento
del pequeño. Su primer instrumento fue una tumbadora, regalo de un tío.
Su padre, Dagoberto Rodríguez, era agricultor en San Antonio y buscando
un futuro más promisorio en la Cuba de finales de los 40, se fue a la capital
y montó un negocio: Tapicerías El Sueño. Eventualmente la
familia se mudó a La Habana y Silvio siguió cantando, participó
en un concurso de radio con una canción en inglés y ganó
un pastel y diez pesos. A los siete años comenzó a estudiar
piano, sus aptitudes musicales sorprendieron a la maestra, quien insistió
en que el jovencito debía recibir clases a diario. Fue el primero de su
clase, pero él deseaba correr en las calles con sus amigos. Corría
el año 1953 en Cuba, un tal Fidel Castro intentó atacar el Cuartel
Moncada, en Santiago y llamaba a la nación a un levantamiento en contra
de Fulgencio Batista. Dagoberto le inculcó a Silvio el gusto por
la lectura. Le leía poemas de Rubén Darío, fábulas
de Esopo, ciencia ficción. Le mandó a hacer una guitarra de formica,
para que jugara a ser Elvis Presley. Los días del cantautor transcurrían
entre La Habana y San Antonio de los Baños; los juegos y la música,
su familia y sus amigos. Mientras tanto, los nombres de dos guerrilleros comenzaban
a ser escuchados por un pueblo cubano que moría de hambre: el Che Guevara
y Fidel Castro. Silvio tenía 12 años cuando Fidel y el
Che Guevara salieron de la montaña y entraron a Cuba. Vivía en La
Habana con sus padres y su abuelo le contaba sobre Martí, los soldados
y la revolución, de la que ha dicho en alguna entrevista: "la revolución,
como se sabe, no es sólo asunto de convicciones sino también de
fe". En el bachillerato, estudiaba de noche y de día participaba
en actividades políticas. Así, Silvio formó parte de la Juventud
Socialista de San Antonio y a la Asociación de Jóvenes Rebeldes.
Eran tiempos violentos y llenos de tensión, Cuba se había aliado
con Rusia y Estados Unidos sobrevolaba la isla. Los padres de Rodríguez
se separaron antes de la Revolución. Argelia, la madre, se volvió
a casar y montó en su nueva casa una peluquería. Silvio, muy tímido,
se escondía debajo de la cama cuando su hogar se llenaba de mujeres. Fue
por esa época que comenzó su afición por la música
clásica, pasión que todavía conserva hoy. Alguna vez dijo
que soñaba con una máquina del tiempo que lo pudiera transportar
unos años antes del nacimiento de Bach, para poder cometer un fraude y
presentar su obra como propia. En la adolescencia se escapaba a la biblioteca
y escuchaba música. Boleros de Vicentico Valdés, baladas de Paul
Anka, Los Cinco Latinos, Charles Aznavour, Barbarito Diez, Sindo Garay, María
Teresa Vera, Doménico Modugno, Johny Mathis, Tchaikovsky y una lista extensa.
Pero sus influencias artísticas no fueron sólo musicales, el cine,
el arte y la literatura también se mezclaron en su sangre y alma para dar
paso a su estilo particular de componer y cantar. En 1961, luego de que
John Kennedy fuese nombrado Presidente de Estados Unidos, un plan de invasión
puso en jaque a Cuba. El pueblo de Fidel Castro se armó y comenzaron a
combatir. Soldados norteamericanos llegaron a Bahía Cochinos,
Playa Girón y Playa Larga. La lucha cesó en abril. Los cubanos se
proclaman ganadores de este encuentro. Silvio, a sus 15 años, participó
en brigadas de alfabetización, pero tuvo que volver a casa de su madre
cuando se quemó con una planta venenosa. A su regreso, el dibujo
comenzó a formar parte de sus días. Por sugerencia del padre, contactó
a la revista Mella y trabajó con ellos. Pintaba una historieta con toques
políticos llamada "El Hueco"; además, diagramaba y diseñaba.
Como pago por este trabajo, recibía libros. En la isla el ambiente
seguía caldeado, la fricción con Estados Unidos era cada vez mayor
e incluso en 1962 hubo temor por una posible guerra nuclear. En la cocina de Silvio
Rodríguez, éste pintó un retrato de Fidel tamaño natural,
siguió con el piano y con el arte, hasta que fue llamado a formar parte
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Fue por su participación
en el ejército que tuvo que cambiar de instrumento. La guitarra lo acompañó
en su paso por el servicio militar. "Me encontré con la guitarra y
fue más fuerte, fue como una fascinación, como un virus, como una
enfermedad, como una plaga que me cayó, una cosa arrasadora", dice
el cantautor. En el campo militar tuvo que luchar con la rigidez de los
horarios. Quería participar en la unidad de paracaidismo, pero su constitución
física lo apartó de esta área y terminó como telegrafista.
Durante los tres años que duró su paso por el servicio, comenzó
a componer canciones. Tocaba la guitarra hasta la madrugada e incluso participó
en algunos festivales de las FAR. | |
En esa misma época conoció a un alma gemela, una mujer que
se convirtió en su otro yo, que le regaló su primer libro de Vallejo,
que amaba la lectura y la literatura tanto como él. Emilia se llama ella.
Emilia, la misma a la que Silvio le compuso Ojalá, entre otras.
Al salir del servicio lo invitaron a un programa de televisión llamado
"Música y estrellas". A pesar de su negativa a aparecer en este
medio, se presentó un nervioso Silvio con la guitarra y su voz. Así,
comenzó a tocar, a cantar para el público y a ser conocido en su
Cuba natal.
Continúa su lucha con las FAR. Estuvo en Angola y conoció a Pablo
Milanés, se hicieron amigos desde entonces. A los 23 años parte
en un barco llamado "Playa Girón", allí estuvo por cuatro
meses, tiempo que le sirvió para componer más de 60 canciones, entre
las que se encuentran: Al final de este viaje en la vida, Ojalá, Resumen
de Noticias, El rey de las flores, entre otras. Estas melodías fueron agrupadas
en un libro llamado "Canciones del mar". En 1972, participó
en un festival de jóvenes cantautores en Manzanillo. Los participantes
fundaron el Movimiento de la Nueva Trova, que no fue más que una necesidad
de apoyar encuentros musicales, en los que participaban artistas de todas las
edades, formas y colores, pues lo más importante siempre fue eso, la música,
el encuentro, las palabras, las letras, las melodías. El MNT se disolvió
hace algunos años. Su primer disco se llamó "Días
y Flores" y salió al mercado en 1975. Desde ese momento comenzó
a dar vueltas por el mundo con su guitarra como acompañante. Sus nervios
antes de salir a un escenario también han viajado con él, así
como la pluma de la composición, los recuerdos de Cuba, los amores y los
amigos. "Cuando digo futuro", "Al final de este viaje",
"Mujeres", "Rabo de nube" y "Unicornio", siguieron
a la primera producción. Desde 1977 hasta 1982 la carrera de Silvio caminaba
en ascenso. Muchas canciones, mucha guitarra, muchos viajes, muchos
amores, presentaciones, conciertos, idas y vueltas. Y Silvio convertido en lo
que le gusta, en un trovador. En 1983 hizo una serie de tres discos llamada
"Tríptico", lo que a su juicio respondió a la realización
de una suerte de inventario de las diferentes maneras que tenía en ese
momento el artista de abordar una canción, muchas poéticas, diferentes
estilos, tendencias variadas. Luego vino su unión a la agrupación
"Afrocuba", con quienes realizó "Causas y azares",
"Memorias" y "Oh Melancolía", discos caracterizados
por una sonoridad y una gran riqueza orquestal. En el 92, grabó
"Silvio", una producción que marca su regreso a la grabación
con guitarra y voz. Menos instrumentos, más trova, más acústica,
más cuerdas. A pesar de ello, Rodríguez ha dicho que jamás
ha dejado a un lado a su guitarra amiga, pues aunque lo acompañe una orquesta,
la canción siempre nace desde lo más profundo de las cuerdas. Primero
música y luego canción. Siguieron "Rodríguez" y
"Domínguez", producciones todas ideadas e interpretadas por él,
con la participación de algún amigo y con mucho experimento.
"Mariposas", de 1999, es su trabajo más reciente. Fue concebido
como si fuera música de cámara, las guitarras guían el trabajo.
El título del disco proviene de una leyenda que dice que las almas de los
guerreros aztecas regresaban de las batallas en forma de mariposas para embellecer
las vidas de los humanos. En esta producción se incluye el tema "Días
y Flores", de su primer álbum, pues Rodríguez pensó
que podría hacer una mejor versión que la original. Con
la idea de preservar las canciones de él y de otros, surgió la idea
de crear un estudio de grabación en Cuba. Así que le planteó
al gobierno la posibilidad de utilizar las ganancias de sus conciertos para este
fin. Comenzó la construcción a finales de los noventa, pero los
planes de detuvieron. Entonces el presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión
puso a su disposición una casa y allí construyó el estudio
"Ojalá". La principal función de este proyecto es proteger
y divulgar la cultura; por ejemplo, editaron la discografía de Silvio y
las ganancias de este producto han sido destinadas a la cultura cubana.
Se hizo una convocatoria en Cuba para que todo el país tuviera representación
en el parlamento. Gracias a las votaciones populares, Silvio ganó un puesto,
fue elegido como diputado, y en este sentido aclara: "Ser diputado para mí
es acudir a un llamado de la patria y no convertirme en un político".
Sus días transcurren entre la política, las canciones
y sus fotografías. Se hace el desayuno, lee durante una hora (por lo menos)
todos los días, se queda en casa o va a la oficina. Todavía suele
viajar a San Antonio de los Baños, toma una lancha y cruza el río,
llega a su pueblo y se reencuentra con las canciones de su infancia, con las calles
por las que corría con los amigos, con él mismo. Silvio
se define como un obrero de la canción, con la salvedad de que estas melodías
lo colocan ante un público y eso lo hace famoso. ¿Eso le importa?
Poco, la verdad sea dicha. Prefiere ilusionarse con el hecho de que en el mundo
haya menos injusticia e hipocresía, soñar que la gente se fije menos
en lo banal y trabaje por lo que realmente es importante. No le preocupa la fama,
ni la ropa que usa, no se considera un animal de escena, simplemente lleva la
música dentro y un montón que letras que van formando las canciones
que ha interpretado en el mundo entero.
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