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El 24 de noviembre de 1864, la residencia familiar de los condes
Alphonse-Charles y Adèle Marquette, sirvió de cuna
para el que sería el único hijo de esta pareja: Henri-Marie-Raymond
de Toulouse-Lautrec Monfa.
Un año después, nace su hermano menor, pero muere
antes del primer año junto con el amor de sus padres, quienes
deciden separarse y enviar a su "petit bijoux" (pequeña
joya) al Château du Bosc y luego al Céleyran
para que iniciara su formación.
Después
de la guerra franco-prusiana (1870-1871), se reúne con su
madre, se traslada a París e ingresa en el Lycée
Fontaine. Allí, Henri comienza a demostrar su habilidad
para dibujar y ya para 1875 hacía sus primeras pinturas al
óleo, práctica que seguiría en sus años
de convalecencia en Albi, tras sufrir dos caídas entre 1878
y 1879. Esto, junto a una enfermedad genética contraída
por el nexo de los padres (eran primos hermanos) que volvía
muy frágiles sus huesos, imposibilitó el desarrollo
completo de las piernas del futuro artista, por lo que no creció
más allá de 1.52 centímetros.
Desterrado entonces de las actividades típicas aristocráticas
y poseedor de un don especial para la pintura, la recomendación
del pintor y amigo de la familia René Princeteau de fomentar
este talento en el niño, no tardó en hacerse realidad.
Los primeros temas, inspirados en la obra de Delacroix, trataban
sobre la vida aristocrática, animales y escenas de lucha.
Pero incluso desde ese momento, llamaban la atención los
encuadres, la perspectiva y el hecho de cortar algunos objetos dentro
del cuadro, elemento estético que no era común en
los cánones académicos del momento.
También los impresionistas tuvieron su efecto en Lautrec,
pero a diferencia de ellos, que daban más importancia al
fondo que a la figura, él se esforzaba en llenar de realismo
y expresividad a los personajes, pues eran ellos quienes daban vida
a la obra: "
Sólo existe la figura; el paisaje
sólo es un complemento y no puede ser otra cosa, sólo
sirve para hacer más comprensible el carácter de la
figura".
Finalmente, en 1882 decide seguir el consejo de Princeteau y se
va a París para estudiar con León Bonnat. Este traslado
supone para el artista una ampliación de los horizontes y
la oportunidad de exponer en varios cabarets. Lo cautivan el bullicio,
las escenas de la vida nocturna y el intimismo de los cuadros de
Degas. Éste sería el inicio de su romance con la noche
y sus placeres.
Su nuevo maestro lo iniciaría en el estudio sistemático
de modelos, pero tras el cierre de la escuela y el ingreso a los
talleres de Fernand Cormon (1884), pintor mucho más liberal,
logra enfocarse en algo que le interesa más que la representación
anatómica perfecta: el movimiento y la reproducción
del color. Realiza una gran cantidad de retratos de personajes de
la vida cotidiana y amigos con un gran realismo, como el "Retrato
de Émile Bernard" (1885) y "Vincent Van Gogh"
(1887), considerado uno de los mejores retratos del famoso y torturado
holandés.
Paralelamente, disfrutaba de una vida social bastante excéntrica
llena de llamativos disfraces, visitas al circo, burdeles, cafés
y el descubrimiento del vino y la actualmente censurada absenta,
como vía de escape de sus frustraciones.
Atraído por este microcosmos del placer y la vida bohemia
llamado Montmartre, cuna del Moulin Rouge, suerte de café,
teatro y burdel, famoso por sus bailarinas y actividades hedonistas,
rompe en 1886 con su Bonnat y decide entregarse en cuerpo y alma
a la vida nocturna y sus protagonistas. Se hizo amigo y confidente
de las prostitutas y bailarinas que allí vivían, recibía
sus favores y a cambio de estos momentos de amor furtivo, las inmortalizaba
en sus cuadros. Tal es el caso de "La Goulue" y más
tarde, May Belfort e Yvette Guilbert.
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La llegada del cartel: Arte en serie para
la calle
Lautrec estaba decidido a hacer llegar su arte a la mayor cantidad
de gente posible. Tal vez sea por ello que el desarrollo de la técnica
litográfica, la llegada del cartel y su contratación
para una revista, le vinieron como anillo al dedo.
Todo esto, unido a la influencia japonesa en la pintura europea
tan en boga durante la última década de 1800, dieron
a la obra del pintor un nuevo estilo lleno de colores planos, geometrías
irregulares y representaciones de la realidad más particulares
y un éxito repentino que no vislumbraba.
A su primer cartel "Moulin Rouge", le siguieron otras
tantos, todos relacionados con el mundo de los cabarets y sus protagonistas.
Destacan en este período los de locales, humoristas como
el de Caudieux y Aristide Bruant, y cantantes como Yvette Guilbert
y May Milton, representadas en numerosas ocasiones tanto por su
oficio como por sus relaciones sentimientales con Lautrec.
En 1893, llega a la cima tras su primera exposición individual
en la prestigiosa galería Goupil, la misma para la que había
trabajado su compañero de arte y fiestas, Vincent Van Gogh.
Ya para esta época, su adicción al alcohol se hacía
más evidente, pero su obsesión con mostrar su realidad
visual al mundo era mayor.
En esos años comienza también un trabajo que terminaría
en 1896 titulado "Elles" (Ellas), especie de portafolio
con escenas de la vida diaria de las prostitutas: sus amores, frustraciones,
costumbres y momentos de soledad. Aunque resultó un fracaso
comercial, colocó al artista como el cartelista más
innovador de París.
En su necesidad por hallar nuevas motivaciones, se vuelve al teatro
donde sigue practicando la observación como fuente de sus
trabajos y, aunque seguía pintando escenas burdelescas, su
punto focal estaba en los rostros, los cuales representaba con más
precisión cada vez.
De 1895 a 1899, su éxito no se detiene al igual que el alcohol
sobre su salud mental. En octubre de 1898, comienza a desarrollar
una manía persecutoria que lo aleja de su entorno y sus allegados,
al punto que en 1899 debe ingresar forzosamente a un sanatorio.
Sale
de allí ese mismo año y sigue pintando. Pero en marzo
de 1901 sufre un ataque de apoplejía que le paraliza la mitad
del cuerpo. A pesar de esto y contra las indicaciones de su médico,
pinta nueve cuadros más, arregla sus asuntos y parte a Malromé
con su madre, donde murió el 9 de septiembre, rodeado de
sus padres y su primo Gabriel, acompañante del artista durante
los últimos años. Tenía 37 años.
Sin embargo, la inspiración sobre el arte moderno y contemporáneo
de Lautrec sigue viva y de manifiesto en las propuestas de los artistas
que le siguieron: Matisse, Piccaso y Derain, quienes con su ruptura
geométrica, colores estridentes y temas urbanos también
plasmaron su realidad histórica y su cotidianidad.
Enlaces:
Protagonistas
de la historia: Toulouse-Lautrec
Biografía
de Toulouse-Lautrec (Inglés)
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