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Las historias de sonámbulos abundan, y es que este estado mental
en el que el individuo se levanta durante el sueño sin estar
prácticamente consciente de su entorno, ha sido objeto de investigaciones
clínicas, del arte a través de todas sus manifestaciones,
de la parasicología por su matiz un tanto enigmático
y hasta metáfora de una determinada postura social .
El sonambulismo es un problema que se presenta en las etapas del
sueño profundo y que se reconoce en aquellos que se sientan
en la cama, caminan y hablan dormidos, y en ocasiones simulan intentos
frenéticos de escape. Se le asocia con situaciones emocionales
intensas o de tensión experimentada durante las horas de
vigilia, tiene un patrón de incidencia familiar y afecta
a 10% de las personas, al menos una vez en la vida.
A los sonámbulos se les reconoce por su mirada fija y perdida,
y una ausencia relativa de repuesta al diálogo. Si logra
despertarse durante uno de estos episodios no los recuerda con claridad,
y cuando se levanta por la mañana sucede exactamente lo mismo.
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Más allá de ser un problema clínico, el sonambulismo
ha sido objeto de las más diversas manifestaciones artísticas,
entre las cuales podemos recordar las obras del pintor surrealista
Paul Delvaux, especializado en representaciones nocturnas; el poema
de Rafel Alberti, Los Ángeles Sonámbulos; el cuento
Amargura para tres sonámbulos de Gabriel García Márquez;
y el Romance Sonámbulo de Federico García Lorca que
comienza con la recordada frase "Verde que te quiero verde".
En el campo de la parasicología encontramos trabajos como
los de Allan Kardec en el que clasifica a los médium - según
los efectos físicos - como curanderos, auditivos, sensitivos,
videntes, parlantes y sonámbulos. También se han hecho
elucubraciones sobre la capacidad de algunos sonámbulos para
leer textos y hablar en otros idiomas que no dominan desde la conciencia.
La sociología también tiene su cuota en esto del sonambulismo
al utilizar este término para describir una tipología
de hombre social. El autor Arthur Koetsler utilizó esta metáfora
en su libro The sleepwalkers. A history of man's changing vision
of the universe tratando de describir la condición de
algunas personas que cambiaron la visión del universo y que
conocían a dónde querían ir y buscaban llegar
allí, sin saber bien cómo hacerlo.
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