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¿Qué es el tiempo?

Tenemos conciencia de que existe porque la tierra se mueve y por la tendencia a la entropía: si dejamos de ir a una habitación y volvemos al cabo de un año, no será la misma, habrá polvo, telarañas, etc. Nosotros también somos prueba del tiempo y de la entropía: cada día nos hacemos más viejos.

Esta interrogante ha desvelado a más de uno, pero quizá el concepto más cercano y preciso sea la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein.
Esta teoría, publicada en 1905 abre la posibilidad de los viajes en el tiempo, tema que hasta ese momento era exclusivo de historias fantásticas. Einstein afirmaba que el tiempo no era absoluto ni universal, sino relativo, dependiendo de la situación cinética del observador.

En otras palabras, dos personas que se encuentran en diferentes estados dinámicos (mayor o menor velocidad) comprobarán distancias de tiempo diferentes entre dos sucesos observados por ambos.

El mejor ejemplo es el caso de los hermanos gemelos. Si uno de ellos viaja al espacio con una velocidad muy próxima a la de la luz, sus años en la nave serán cada vez más largos, mientras que los de la tierra serán cada vez más cortos. Cuando el astronauta regrese encontrará que en la tierra han pasado miles e incluso millones de años.

Según los postulados principales de la Teoría de la Relatividad, si un objeto pudiera moverse con mayor rapidez que la luz, conseguiría viajar al pasado. Pero conseguir un movimiento más veloz que la luz por medio del método normal, es decir, por vía de la aceleración es imposible.
 
Si se intenta acelerar un cuerpo rompiendo la barrera de la luz, dicho cuerpo se vuelve más pesado y necesitará más energía para aumentar su velocidad, así que mientras más cerca esté de la barrera de la luz, su masa se hará tan grande que nunca podrá alcanzar a la luz.

A pesar de eso, la hipótesis de la relatividad hace posible una especie de viaje en el tiempo: un pasaje al futuro, que ya no ha de ser contemplado como simple posibilidad teórica o como una fantasía de ficción. De hecho, relojes atómicos situados a bordo de aviones y naves espaciales han medido las diminutas dilataciones de tiempo que se producen incluso a las comparativamente pequeñas velocidades a las que se mueven tales máquinas.





-ENLACES-

Albert Einstein


 
 



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