Para muchos, la pasada entrega de los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos representó el triunfo del cine ante los efectos especiales. Tal aseveración es correcta a medias, pues si se refiere a que, a diferencia de Avatar, Zona de miedo (The Hurt Locker) es una película de realización tradicional, es decir, apegada a los procesos fotomecánicos que han caracterizado al séptimo arte, habría que decir que, ciertamente, el filme de Kathryn Bigelow se rodó a la vieja usanza, pero sus creadores no desdeñaron el uso de recursos digitales.
Es obvio que frente a ese portento tecnológico que es Avatar, Zona de miedo luce absolutamente “tradicional”. No obstante, a mi juicio, la decisión de los casi 6.000 miembros de la Academia apunta hacia otros lados. El primero de ellos podría resumirse en una frase olorosa a clisé: “la realidad se impuso a la fantasía”. El mayor de los desaciertos de la película de James Cameron está en que su maniqueísta discurso sobre la invasión de otras culturas para aprovecharse de sus recursos naturales, perdió su dimensión más realista al trasladar la historia a ese paraíso selvático que es Pandora y convertir a sus protagonistas en especies extraterrestres. ¿Por qué Cameron se fue hacia el espacio exterior, cuando el tema de su filme tiene nombres y apellidos clarísimos: Irak, Afganistán, Bush…? Ojalá, este tecnócrata reflexione en torno a ello.
Por su parte, Zona de miedo luce como una mirada interior a un hombre que es incapaz de vivir fuera del campo de batalla, un soldado “enganchado” a la guerra como si ésta fuera una droga. Para fortuna del proyecto –que bien podría referirse a cualquier militar en cualquier conflicto bélico–, Bigelow y compañía trasladaron el relato a Bagdad, y con ello lo hicieron demasiado cercano al público estadounidense. Lo único que se le critica, y ya se escribió, es su incapacidad para reconocer al enemigo, al interno (ese desquiciado soldado que recuerda a los personajes de Full Metal Jacket de Kubrick) y al externo (ese iraquí que ante la invasión extranjera se alista en una guerra de guerrillas sangrienta y hasta suicida).
El segundo lado hacia el que apuntaron los Oscar 2010 es el del definitivo reconocimiento del talento de las mujeres dentro de la industria más importante del mundo. Claro, lo que se espera es que el discurso feminista no les procure a las cineastas una mirada condescendiente. La idea es que directores y directoras compitan bajo las mismas reglas y con las mismas condiciones. Habrá que ver…
En términos generales, quedé conforme con la elección de la Academia: Zona de miedo es mucho más película que Avatar. Y no hablo sólo en términos técnico, sino en los artísticos, que es hacia donde deberían comenzar a mirar los honorables miembros de la Academia. Siempre. Cuando eso ocurra, muchos comenzaremos entonces a creer en esa institución. ¿Mi ganadora sentimental? Preciosa.