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¿Cine?... ¿o qué?
Cuando en la década de los noventa, los puristas que aún le quedaban al séptimo arte levantaron sus voces en contra de la propagación de los complejos de salas de proyección conocidos como multiplex, éstos apenas pudieron imaginar que el medio cuya integridad defendían con tanto ahínco sería abruptamente alterado en sus características originarias por las nuevas tecnologías.
Y es que ya no se trata solamente de la desaparición definitiva de la pantalla grande y su sustitución por una lo suficientemente pequeña como para coexistir junto a algunas otras más que, en apariencia, diversifican la oferta cinematográfica, cuando en realidad están allí para asegurarle una mínima cuota de pantalla, en todo el mundo, a las producciones hollywoodenses, tanto las concebidas como seguros blockbusters (o “taquillazos”) como aquellas más apegadas a los injustos (para cualquier obra de creación) vaivenes del mercado.
La nueva realidad económica que las cadenas multiplex impusieron a una de las áreas fundamentales de la actividad cinematográfica -la exhibición-, se ha profundizado y complicado aún más con la difusión de tecnologías como el Blue-Ray y el High Definition DVD, que amenazan con sacar de circulación (o descontinuar, una palabra muy usada en la industria de la tecnología casera y que bien podría quebrar a más de un fanático de las innovaciones) al DVD tradicional (¡tradicional!).
A ello sumemos la crisis que ha causado a la industria videográfica no sólo la piratería, sino los programas de computación de descarga gratuita como Ares e iTunes (Apple acaba de adquirir los derechos de venta por la red de la producción de 11 de los grandes estudios de Hollywood, es decir, casi todos), con los que se pueden “bajar” películas sin forma alguna de pago o bien a precios menores que los de un laser disc original. Ya no hablamos únicamente de la exhibición, sino también de la distribución. Seamos gráficos: cada día es menos imperativo ir a una sala de cine, dentro de un centro comercial atiborrado de visitantes y compradores; con encender la computadora y conectarse a Internet basta para ver Eastern Promises, lo nuevo de David Cronenberg, aún sin estrenarse en el país, o La soledad, cinta que ganó el Goya a la Mejor Película española de 2007 y que los espectadores venezolanos podrían apreciar en octubre próximo, durante la realización del Festival de Cine Español. Tentador, ¿no?
Pero aún hay una razón más para afirmar, sin sobresaltos ni histerias de purista, que quizás sea hora de replantearse el concepto séptimo arte tal y como se le conoció durante casi todo el siglo XX. Me refiero al área de la producción. Para empezar, cada vez es más común que las “películas” sean grabadas y no filmadas; es decir, que sus realizadores usen como soporte un chip de memoria capaz de almacenar gran cantidad de información y no un montón de latas de película virgen de 35 milímetros que, además, requiere ser sometida a un proceso de revelado en laboratorios especializados. Ello, por una parte, ha reducido los costos de producción no sólo al permitir grabar sobre lo grabado, sino al hacer más expedito el montaje, que ahora se ejecuta, en lugar de en una moviola, con sofisticados programas de computación y ante monitores en los que no peligra el material creado durante el rodaje.
Pero los procesos citados resultan ya obsoletos ante al avasallante desarrollo de la tecnología digital aplicada al cine (¿cine?). Spike Lee acaba de anunciar que, con el soporte tecnológico de la firma finlandesa Nokia, su próxima película la realizará con materiales grabados a través de varios teléfonos celulares. Aunque la trama girará en torno a la historia de la humanidad y su reflejo en la música, el argumento definitivo lo decidirán por Internet aquellos interesados en rodar algunas de las escenas de esta desde ya interesante experiencia. Según Lee, “la realización de películas está cambiando y el arte generado por los celulares se está convirtiendo rápidamente en el próximo medio para filmar”. El futuro nos alcanzó. ¿Cómo deberemos llamar de ahora en adelante al cine?
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