Retirado de los escenarios y los sets de filmación, y aquejado por un cáncer de páncreas, el pasado sábado 4 de febrero, falleció en Nueva York el actor Ben Gazzara, uno de los últimos sobresalientes egresados de la legendaria escuela de actuación Actor’s Studio, fundada por Lee Strasberg.
No obstante, a diferencia de la enajenación que era capaz de transmitir un Marlon Brando, de la angustiosa fragilidad de los personajes encarnados por Montgomery Clift, la inmutable galanura de Paul Newman o el desenfreno que Al Pacino aporta a cada una de sus interpretaciones, Gazzara imprimió a cada uno de los papeles que hizo en teatro y en cine una elegancia, una distinción, que hoy en día es poco visible entre los jóvenes actores.
Aun cuando le tocara interpretar a personajes al límite, antisociales como Al Capone o psicópatas en potencia como el que encarnó en Anatomía de un crimen, Gazzara no perdía la compostura, sabía dosificar sus emociones aportando a cada trabajo una contención que rayaba en la genialidad.
Ben Gazzara nació en Nueva York el 28 de agosto de 1930. Provenía de una familia de inmigrantes italianos y aunque tuvo tres matrimonios, la relación que más se publicitó a través de la prensa fue la que tuvo con Audrey Hepburn, luego de trabajar con ella en la película de 1979, Bloodline.
Trabajó con algunos de los más notables directores de cine de su país: Otto Preminger, Peter Bogdanovich, Terence Young, los hermanos Coen y hasta el irreverente Todd Solondz, pero, sin duda, la llave creativa la formó como el que es considerado el padre del cine independiente en Estados Unidos: John Cassavetes, con quien hizo algunas cintas memorables como Husbands (1970), The Killing of a Chinese Bookie (1976) y la estupenda Opening Night (1977).
Con la muerte de Gazzara el cine pierde a un eminente actor que sabía cómo enfrentarse a personajes duros sin perder esa sonrisa al estilo de la Gioconda y por la que era difícil determinar si se trataba de una víctima o un victimario.
“Yo no era únicamente el actor que me aprendía el guión en casa en solitario. No me gustan esos trabajos profesionales a los que les falta corazón y sorpresa. No actúo para los directores. Mi trabajo consiste en la elaboración de la película, en la realización de todo el proceso creativo junto a los directores. Con Cassavetes y Bogdanovich discutíamos y hablábamos largamente sobre la película y sobre la elaboración de los personajes (...) Ahora eso son sólo recuerdos”, manifestó en el Festival Donostia-San Sebastián del año 2005.
Por: Juan Antonio González