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Sinopsis: |
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Tras ejecutar el golpe de la década, un grupo de profesionales del engaño apodados Los Entendidos y dirigidos por el misterioso hombre sin nombre o SN, sufre el rapto del genio del equipo, Funboy a manos del Tío André, un elegante sesentón, temido y excéntrico jefe del hampa seria. Para liberar a Funboy el Tío André ha impuesto a Los Entendidos un reto imposible, apropiarse de la corona del concurso de belleza más importante del país y sustituir las piezas plásticas por diamantes verdaderos para que ingenua ganadora los lleve sin saberlo hacia Filipinas.
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CRÍTICA |
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Irreverencia criolla
Dado lo difícil que es hacer cine en Venezuela, a la hora de escribir y de rodar una película, muchos de nuestros cineastas se abstienen de llevarle al público ideas y formas absolutamente novedosas. Es demasiado lo que se ansía el éxito de taquilla y son demasiadas las concesiones que se hacen para ýmeterseý a los espectadores en el bolsillo, pero casi nunca esas ýarguciasý justificadas por la imperiosa necesidad de tener una buena boletería y, por ende, de poder permanecer más tiempo en cartelera, funcionan.
Al público cada día es menos factible que se le engañe con un desnudo femenino o con uno masculino, o con cualquier guiño o golpe de efecto. Asimismo, cuando la producción debe recurrir a la publicidad indirecta para llegar a cubrir el presupuesto de su proyecto, el quid del asunto está en no ser evidentes, en integrar las marcas comerciales al paisaje mismo de la película, tal cual lo hizo Ridley Scout con el gigantesco aviso luminoso de Coca-Cola en Blade Runner.
Todo esto lo han entendido cabalmente Henry Rivero y César Oropeza, guionistas y directores de Puras joyitas, filme que devuelve a la cinematografía nacional el despreocupado y a veces irresponsable sentido del humor que nos distingue a los venezolanos, a través de la historia de una trouppe de asaltantes que, de alguna manera, es obligada a participar en el robo de la corona de un concurso de belleza, luego de demostrar sus artes de delincuentes frente a los ojos de una especie de gángster tercermundista conocido como el tío André.
Buena parte de la ópera prima de Rivero y Oropeza se concentra en presentar a cada uno de los pillos: SN (Mario Cigarro), el líder de la banda conocida con el mote de ýLos Entendidosý; Funboy (Erich Wildpret), el cerebrito del grupo, el letrado de quien el tío André se vale para obligar a ýLos Entendidosý a robar la corona; Rodilla (Miguel Ferrari), el brutazo de la partida; El Coqueto (Albi de Abreu), el galán del grupo, y del lado de los otros ýmalosý, ýKong Kongý (Budú) un gorila a las órdenes del tío André.
Todos ellos y una sarta de locos más componen el original bestiario de Puras joyitas. Sobre sus espaldas descansa el humor de un guión moderno, dinámico, divertido que hasta se da el lujo de coquetear con lo comercial sin llegar a ser absolutamente comercial y hasta de burlarse del género que lo inspira: el gangster movie, derivación del film noir que se inmiscuye a consciencia en el lado más oscuro y amoral de una sociedad que execra a los delincuentes, pero a su manera propicia las conductas delictivas.
Puras joyitas inyecta nuevos aires al cine nacional, aires de rebeldía, de osadía, de reto y de un bien asumido desparpajoý muy necesarios para una siempre joven cinematografía que por verse obligada a ser rentable, hace tiempo que había perdido su frescura.
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