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Anticipándonos a los Oscar
Aunque los más de cinco mil miembros de la Academia de Cine de Estados Unidos todavía no han votado por aquellas películas a las que consideran merecedoras de entrar en la pelea los premios Oscar 2009, el panorama de aquí a marzo del año que viene comienza a despejarse. Ocho son los títulos que figuran con las mayores opciones para obtener el boleto dorado hacia la gloria. Cabe aclarar que el recuento que haremos siempre quedará en el terreno de la especulación, pero los galardones más importantes del Séptimo Arte son tan predecibles que en la aventura de predecir su futuro no se corre ningún riesgo.
Comencemos por lo nuevo del director Baz Lurhmann. Se llama Australia y es una épica romántica que cuenta la historia de una aristócrata británica que viaja al quinto continente para tomar posesión de unas tierras destinadas a la explotación ganadera y que ella ha heredado. Sin embargo, tras ese lugar están unos poderosos colonos que pretenden adueñarse de él. El filme, que costó 130 millones de dólares y tuvo varios finales, está protagonizado por Nicole Kidman y Hugo Jackman, como un ranchero con el que la heredera (Kidman) vivirá un tórrido romance.
Sigue en la lista de favoritos, Batman. El caballero de la noche, filme póstumo del actor Heath Ledger, a quien, de seguro, incluirán en la categoría de Mejor Actor Secundario por su crispante interpretación del Guasón. Pero más allá de este joven malogrado, el filme de Christopher Nolan que redimensiona el famoso cómic al cuestionar a través de él la corrupción política y los abusos de poder. Claro, a su favor está el hecho de que esta cinta recaudó sólo en Estados Unidos, 500 millones de dólares.
Un biopic no podía faltar en este recuento. Se trata de Milk, cinta de Gus Van Sant que recrea la vida del primer congresista estadounidense en admitir públicamente su homosexualidad. Este personaje, que propuso la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, es encarnado por Sean Penn, a quien desde ya muchos consideran favorito para obtener la estatuilla de la Academia.
Doubt, el segundo largometraje de John Patrick Shanley, ha merecido estar entre los posibles “oscarizables” no sólo por el cuarteto de intérpretes que la protagonizan –Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis–, sino por el tratamiento que se le ha dado al espinoso tema de los abusos sexuales dentro de una escuela católica.
Sam Mendes, el mismo director de Belleza americana, podría repetir en los Oscar con Revolutionary Road, cinta en la que Kate Winslet y Leonardo DiCaprio vuelven a trabajar juntos como dos seres enfrentados al restrictivo conservadurismo del suburbio de Connecticut en el que viven. Ambientada en 1955, en la cinta Winslet es una aspirante a actriz y DiCaprio, un hombre que ahoga su decepción existencial, su miserable vida, en alcohol.
A pesar de su cuestionable talento, Ron Howard no faltará a la cita de la Academia. Y lo hará con el filme Frost/Nixon, sorprendente recreación del choque de trenes que representó el encuentro, en 1977, de un Richard Nixon sumido en la desgracia con el entrevistador televisivo David Frost, hambriento de audiencia y de fama.
Lo nuevo del inglés Danny Boyle, Slumdog Millionaire, también ha logrado colarse entre el gusto de los críticos expertos en los Oscar. El filme, catalogado como el más independiente de la contienda hollywoodense y que fue premiado por el público en el Festival de Cine de Toronto, cuenta la historia de un adolescente pordiosero que participa en un concurso televisivo en Bombay.
Finalmente, aunque no de manera definitiva, se encuentra el filme The Curious Case Of Benjamin Button, con el que el realizador David Fincher cambia de registro al contar el drama de un hombre que nace con la apariencia de una persona de 80 años y que conforme pasan los años va rejuveneciendo. La situación se hace más compleja cuando Buttom se enamora de una mujer, a la que teme perder si llega a convertirse en un niño. Protagonizan, nada más y nada menos, Brad Pitt y Cate Blanchett.
Sólo queda esperar a que las postulaciones se hagan públicas y las cartas sean puestas sobre la mesa.
Por: Juan Antonio González
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