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Navidad es tiempo de colores y sonoridad, el ambiente se llena de melodías y alzan su voz las populares gaitas que desde el último trimestre del año anteceden a la navidad venezolana. Pero este género, cargado de “sentimiento nacional” es relativamente nuevo si lo comparamos con los villancicos, cánticos que forman parte del espíritu navideño en el país desde mucho tiempo atrás y que hemos heredado de nuestros antepasados españoles.
La tradición de los villancicos se remonta a la Europa del siglo XV, época en la que los aldeanos o personas que vivían en lo que antes se conocían como villas, recordaban hechos importantes a través de las canciones o narraban hechos de la vida cotidiana por lo que los cantos y danzas populares no estaban ligadas a la navidad y referían costumbres considerabas como “profanas”.
Fue llegando la Edad Media cuando los villancicos comenzaron a formar parte de la vida religiosa y con ello de las celebraciones navideñas, en parte por la influencia que ejercía la Iglesia en las costumbres del pueblo. Países como Francia y Alemania fueron adoptando estos cantos en las fiestas religiosas de aquel entonces, prevaleciendo entre ellas la Navidad, pero las convulsiones sociales, los cambos políticos y las extremas reformas religiosas que marcarían siglos siguientes, provocaron la desaparición casi por completo de los villancicos, al menos en las grandes ciudades y fueron los pequeños pueblos, alejados de las revueltas, quienes resguardaron estos cantos como parte de sus tradiciones navideñas.
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