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El 6 de enero
de cada año la Iglesia Católica celebra la Epifanía
o la manifestación de Dios hecho hombre. En Occidente,
la festividad gira en torno a la adoración a la que
fue sujeto el Niño Jesús por parte de los Reyes
Magos como símbolo del reconocimiento del mundo pagano
de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.
Buscar en los orígenes de la tradición de la
fiesta de reyes nos lleva al evangelio bíblico de San
Mateo, en el que se narra como unos magos, guiados por una
luminosa estrella, llegaron a Belén para adorar y ofrecer
sus dones al recién nacido Mesías, burlando
a Herodes, el infanticida más temido y famoso de la
historia.
De su país de origen, sólo dice San Mateo que
procedían de Oriente; los testimonios más antiguos
de la Iglesia de Siria y de los padres griegos afirman que
venían de Persia, donde, como es sabido, existía
la casta de los magos o astrólogos. Otros hablan de
Caldea (Babilonia), donde surgió la astrología.
En cuanto al número de magos, se remonta al siglo V
la suposición de que eran tres, aunque se ha hablado
de dos, cuatro, siete y hasta doce. Si para las iglesias protestantes
y católicas los Reyes eran tres (porque ofrecían
tres regalos al niño Jesús), la tradición
ortodoxa mantiene que eran doce.
Por
otra parte, en algunas representaciones tempranas que datan
de los primeros siglos vemos dos reyes magos y en otras a
cuatro.
Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar se popularizaron
en la Iglesia desde el siglo IX, siguiendo el texto del venerable
monje benedictino Beda, quien los describió así
en un códice: "Melchor, anciano de blancos cabellos
y larga barba del mismo color; Gaspar, más joven y
rubio; Baltasar, negro".
Beda los consideró representantes de Europa, Asia y
África, para así acentuar la soberanía
universal de Cristo sobre todas las razas y países.
Los nombres son distintos en diversas lenguas. En griego,
Appellicon, Amerín y Damascón; en hebreo, Magalath,
Galgalath y Serakin.
El destino de los Reyes, tras la adoración, fue incierto.
San Mateo sólo dice que regresaron a su país
por otro camino para burlar a Herodes. La tradición
piadosa afirma que fueron discípulos de Santo Tomás.
Otros afirman que fueron consagrados obispos y murieron martirizados
hacia el año 70 de nuestra era. Sus supuestas reliquias
fueron transportadas de Milán a Colonia en el siglo
XII, donde aún hoy son veneradas en un relicario bizantino
de la catedral de esa ciudad alemana.
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