El
ritmo de vida de hoy deja menos tiempo para muchas tradiciones.
Sin embargo, los pesebres se niegan a morir: su simbolismo
y belleza siguen presentes cada Navidad para celebrar la venida
de Jesús al mundo.
La historia que los cristianos celebran cada Navidad es una
de las más famosas del mundo: el nacimiento de Jesús
en un pequeño establo, acompañado por sus padres,
una mula, un buey, e iluminado por la Estrella de Belén
que guió el camino a los Reyes Magos. Todo bajo el
anuncio de un ángel que glorificaba a Dios en las alturas.
Esta escena es denominada Natividad y en todo el mundo es
representada como símbolo de júbilo ante la
llegada del Mesías.
La forma de representarla es prácticamente infinita
y depende de cada quien. Pero hay personas que han logrado
hacer de esta actividad un arte, donde la exactitud y pasión
por el detalle reafirman el principal sistema de enseñanza
del cristianismo: las imágenes.
Aunque resulta casi imposible determinar cuándo se
empezó con esta tradición, el dato más
preciso se remonta a la época del rey napolitano Carlos
III. Tal vez sea por ello que en Italia abundan numerosos
artistas artesanos que se han encargado de perfeccionar este
simbólico momento a través del uso de materiales
muy diversos como madera, cerámica y resina.
Esta costumbre no sólo se limitaba a la clase pudiente
del momento, sino al pueblo en general, por lo que los "nacimientos"
se propagaron por todo el mundo. La colonia no escapó
a esta influencia y es por ello que la natividad es uno de
los elementos más importantes de la Navidad latinoamericana.
Sin embargo, el ritmo de vida actual y la pérdida de
muchas tradiciones, ha reducido en forma considerable la representación
de la natividad, cambiándola, entre otras cosas, por
el anglosajón árbol de Navidad.
Para entender la natividad, es necesario remontarse al Oriente,
donde se le ha dado mayor amplitud teológica al tema.
Para ellos, los elementos son los siguientes:
La
montaña: Consiste
en una elevación triangular que se eleva hasta el
cielo. En medio de la montaña, se abre una caverna
sombría donde el Niño está acostado.
Simboliza el universo en toda su amplitud, diversidad y
armonía.
La caverna: Frecuentemente
asociada a la montaña, ha sido siempre un símbolo
sagrado de primera importancia. Oscura y misteriosa, ha
sido tumba y santuario. En particular ha simbolizado el
polo oscuro de la Creación, la prima materia, la
matriz universal.
El
eje luminoso: Rayo estelar
en forma de estrella que desciende a lo largo de la montaña
para horadar las paredes de la caverna e iluminarla. Es
una poderosa síntesis del misterio de la Encarnación.
Es el descenso del Verbo Divino a las partes inferiores
de la Tierra.
La Virgen:
Establece una analogía con la tierra y la montaña.
Es la Madre de Dios, la Madre universal que ofrece a Cristo
su sustancia.
José: Fiel y
trabajador, compañero de María y padre de
Jesús en la Tierra. Instruyó a Jesús
en el oficio de carpintero.
El niño Jesús:
Guía espiritual que se aloja en el corazón
del hombre para transmitirle su amor al mundo. Su grandeza
no está medida por sus posesiones materiales sino
por su riqueza espiritual. Se acostumbra ponerlo en los
nacimientos el 25 de diciembre, fecha de su nacimiento para
los cristianos.
Los Reyes Magos:
Su importancia real sobrepasa el aspecto un poco
folklórico que guarda a veces. Los Magos vienen del
Oriente (históricamente, de los parajes del Irán
y del Asia central) y son los representantes de la tradición
ortodoxa primordial. Representan las tres funciones fundamentales
del Tribhuvana: la de rey, de sacerdote y de profeta, simbolizadas
por el oro, el incienso y la mirra.
Los pastores: Simbolizan
la humanidad y su búsqueda de una guía espiritual.
Son el rebaño que sigue al Buen Pastor.
Cada pesebre con sus particularidades e historia dan un
significado especial a cada familia y a cada Navidad, pues
llena sus espíritus de la magia de la llegada de
Jesús al mundo.
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