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La de unos monjes, la mejor cerveza del mundo
Unos monjes
belgas, que viven bajo el voto de silencio, producen la mejor cerveza
del mundo. Los enterados, la agotaron. Cuando tocaron las puertas
de la abadía para comprar más, los monjes mandaron a
decir que no había. Que “ellos hacen cerveza para vivir,
pero no viven para la cerveza”. La
inusual historia del mundo del bar tiene por protagonista a los
monjes de la abadía de Saint Sixtus situada al oeste de Bélgica,
junto a la frontera con Francia a la altura de la ciudad de Calais.
Los monjes están "superados" por la atención
mediática desatada desde que una página web con sede
en EE. UU, frecuentada por amantes de la cerveza (www. ratebeer.
com), los colocó en el mapa el pasado mes de junio.
Miles
de concursantes emitieron sus votos sobre 30.000 tipos de cerveza
y coincidieron en señalar como "mejor cerveza del mundo"
la Westvleteren 12, uno de los tres tipos de cerveza del tipo trappiste
que elabora en producción limitada esta abadía.
La Westvleteren 12 es "Una cerveza marrón rojiza, rica,
afrutada", con rastros de "caramelo, chocolate" y
"una complejidad de sabores que vas descubriendo conforme bajas
el vaso", cuentan quienes han podido degustar la cerveza.
Su
escasa producción (4.750 hectolitros al año) se suele
agotar al final de agosto, pero en 2005 se ha vendido en cuestión
de semanas. "Todas nuestras existencias están agotadas,
póngase en contacto con nosotros más adelante",
advierte el contestador automático de la abadía,
Westvleteren
es una de las pocas cervecerías tipo trappiste que quedan
en Bélgica y en el mundo, la de menor producción de
todas. Las otras cinco son Westmalle, Achel, Chimay, Rochefort y
Orval.
La calificación de trappiste sólo se obtiene si se
cumplen algunos requisitos, como que los monjes trabajen en su producción,
que la cervecería se encuentre en la abadía y que
los beneficios vayan dirigidos sólo a la comunidad o a obras
sociales.
Los
26 monjes de la comunidad de Saint Sixtus (www. saintsixtus. be)
viven para la reclusión, la oración y el trabajo manual.
La notoriedad no ha traspasado los muros de su abadía y ellos
han seguido con su ritmo normal de vida. "No se plantean aumentar
la producción, son anticomerciales, piense lo que piense
la gente", asegura Bode, un buen conocedor de los hermanos
Saint Sixtus ya que pasó un año recluido con ellos,
"en busca de silencio y paz".
Parte
del atractivo de la Westvleteren 12 reside en que sólo puede
comprarse en la tienda de la abadía o el café adyacente
y su venta está limitada a cinco cajas de 24 botellas por
persona - a 27 euros la caja-, bajo la promesa de que no las revenderán.
Ahora, la cantidad de cerveza que produce la abadía está
determinada por las necesidades de financiación de la comunidad,
ni un litro más.
Fue
elaborada por primera vez en 1838. El contrato de los obreros que
construían el claustro señalaba que tenían
derecho cerveza al día. Al principio, los monjes la compraban,
hasta que decidieron producirla ellos mismos, aunque no estaban
autorizados a probarla.
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