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Cuando la graduación sea alta, desconfíe
La penúltima (nunca sabremos a tiempo cuál será la última) tendencia en vinos para consumo masivo son los de alta graduación alcohólica. En lugar de tener 12 o 12,5 grados de alcohol, ahora es común observar botellas de 14,5 e incluso de 15 grados de alcohol.
Subir la graduación alcohólica del vino es una trampa, dicen algunos. El renombrado escritor británico Hugh Johnson, los llama “vinos con esteroides”. La tendencia es consecuencia de una estrategia que comenzó en Australia y luego se expandió, y la aceptación de este estilo por algunos críticos norteamericanos.
Para los puristas del vino, los alcohólicos son “vinos para competición dentro de los cientos de concursos de catas que se celebran ahora en Estados Unidos”. Johnson los califica como aburridos, homogéneos, sin personalidad.
"Igual que los cuerpos humanos hinchados con músculos a base de esteroides, esos vinos no tienen ninguna finalidad práctica; sólo se hacen para ganar competiciones. [...] En la mayoría de los casos, el exceso de alcohol enturbia los sabores y difumina los aromas, de modo que se pierden definición, equilibrio y complejidad", sostiene.
Los productores australianos, y sus seguidores, y algunos críticos norteamericanos han puesto el grito en el cielo, asegurando que Johnson exagera.
Malcolm Gluck, autor de las guías de vinos se ha unido al ataque del escritor británico al afirmar que "cuando la graduación es demasiado alta, los tintos, los blancos y los rosados empiezan a saber igual, porque sólo destaca el sabor del alcohol".
En la cultura del vino, aquellos que tradicionalmente superan por su estructura los 15 grados son el Jerez y el Oporto. Se trata de vinos a los que clasifica como “encabezados” o “fortificados” porque en su elaboración se les agrega alcohol vínico. |
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