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  Cuidado con el tapón de rosca
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El tapón de rosca con el que se comenzó a sustituir el corcho en los vinos baratos y en los de bajo precio, tiene problemas. Huele feo.

Al corcho comenzaron a combatirlo para abaratar precios, para aumentar las ganancias del productor-embotellador, para impulsar la industria de los tapones de plástico prime-ro y de rosca después, frente al uso del corcho tradicional, bajo la acusación de que el corcho malo, contamina. Este defecto se llama técnicamente en el mundo del vino Tri-coloanisol.

Ahora empiezan a llegar las denuncias contra el tapón de rosca. Son peores que las que se levantaron contra el corcho: Olor a huevos podridos, exceso de azufre, sensación a goma quemada.

Así lo han descubierto en el exigente mercado británico, uno de los más altos en consumo del mundo de los vinos producidos en Nueva Zelanda, Australia, Chile, Argenti-na, Sudáfrica, España, Portugal e Italia. Según la investigación, una de cada 50 botellas con tapón de rosca que llegan al Reino Unido, están contaminadas por sulfatación. La cifra total de botellas contaminadas es cercana al cuarto de millón.

La contaminación de la botella avanza con el tiempo. En un vino blanco que por lo general se abre de inmediato para consumo, se notará menos que en los vinos tintos, que usualmente se consumen al año de la cosecha. Esto puede convertir en un verdadero fiasco el envase con tapón de rosca de botellas de cepas rojas muy populares en el Reino Unido como el cabernet o el pinot noir, afirman los expertos.

Los sulfatos se encuentran en el vino en estado natural. Cuando se descomponen producen un compuesto llamado thiol, que es el que proporciona al azufre su aroma característico. Los corchos permiten que entre el oxígeno, el cual "desulfata" los thiols y evita que desprendan tal olor.

También puede haber sulfatos en botellas que no se hayan limpiado convenientemente. Los tapones de rosca aplican un cierre hermético, la botella no respira como lo hace a través del corcho, y por tanto el oxígeno del medio ambiente no desulfata la botella.

La industria le quitó importancia a la magnitud del problema, pero Geoffrey Taylor, un químico británico que cada año analiza 14.000 botellas con tapón de rosca, reconoce el fenómeno de la sulfatación. "Hay problemas con los tapones de rosca en alrededor del 2% de las botellas en Australia, y aproximadamente en el doble en el resto del mundo".