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Tiempo de vida y conservación de los blancos
Los vinos blancos jóvenes pueden vivir sin perder calidad como máximo un año, siempre que se conserven a una temperatura menor a los 18 grados, y se mantengan las botellas acostadas. Esto -que venimos pregonando desde siempre en nuestros cursos y conferencias- acaba de ser reconfirmado por investigadores de la universidad española de Huelva.
En Venezuela y el Caribe, un cementerio de botellas de vinos blancos convertidas en ataúdes del vino, se conservan y ofrecen en supermercados, restaurantes, tiendas especializadas y casas de coleccionistas. Eso ocurre por la extendida y falsa creencia de que los vinos jóvenes se pueden guardar en el Trópico, y que para hacerlo sólo basta con que el sitio esté fresco.
“Dentro de ese corto periodo de un año después de su embotellamiento, los vinos deben ser consumidos para evitar las pérdidas de su frescor, carácter afrutado, color, sabor, y aroma” concluye la investigación.
Fue realizada por universitarios, al margen del negocio del mercadeo de vinos. El grupo de investigación de Análisis Agroalimentario y Medioambiental del Departamento de Química y Ciencias de los Materiales de la Universidad de Huelva, tituló su trabajo “Estudio de la Estabilidad en Botella de Vinos Blancos Jóvenes: Predicción de la Vida Útil de Almacenamiento”.
Los investigadores observaron que vinos regionales escogidos, sufrían a partir del año una serie de modificaciones que afectan la estabilidad y sus características organolépticas. El vino blanco joven es uno de los pilares de la economía de Huelva.
Los investigadores sometieron diferentes muestras de vinos embotellados de las variedades francesa Colombar y de la española Zalema, a diversos factores de almacenamiento (temperatura variable o constante, luz y oscuridad, botella tumbada o de pie), y después realizaron un exhaustivo seguimiento para conocer su influencia en la pérdida de sus propiedades.
Los investigadores encontraron que al almacenar en forma inadecuada, y al pasar un año después de la fecha que aparece en la etiqueta, hay cambios en el color de los vinos, los compuestos fenólicos, los compuestos volátiles y los aromáticos. Además de los cambios químicos detectados, se apreciaron diferencias importantes en el análisis sensorial. |
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