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  Decantar y airear el vino
Decantar y airear el vino
¿Quién gana cuando se decanta el vino? Si el vino es joven, el que gana seguro es quien vendió el decantador. Sólo los vinos con cuerpo y aquellos que han permanecido varios años en botella, ganan mucho al ser decantados. Como ahora hay mucho vino, y las botellas jóvenes se confunden con las reservas, se decanta mucho y se gana poco.

Decantar es una necesidad cuando el vino tiene residuos, o cuando huele a encierro. Más allá de eso, decantar es un gesto, un acto, una ceremonia que otorga importancia al vino. Pero si lo hace con una botella barata y joven, o una cara pero también reciente, es más una caricatura que una necesidad.

Ahora que en las principales ciudades de Venezuela asoman los bares especializados en vinos, las tiendas de vinos y los bodegones, hay decantadores como nunca antes. De todas las formas y tamaños. Y también de todos los precios.

“Si el cliente queda contento, yo lo complazco”, me explican los dueños de esos negocios. Pocos se sienten con capacidad suficiente para decirle “señor, con esa botella, el vino no gana al ser decantado. Con esta otra, más envejecida, más costosa, y de más cuerpo, si”.

Decantar no es lo mismo que hacer respirar, aunque para esto último es más elegante usar un decantador de cristal que una jarra. Se airea, se oxigena, para hacer que el vino respire, para que se vayan rápido los olores de encierro. Se decanta para evitar que los “posos” o sedimentos sólidos que se han creado en la botella con el tiempo, pasen a la copa. Obviamente, al decantar también se oxigena o airea.

Algunos conocedores, que usualmente no tienen prisa, les agrada dejar el vino en la botella para que éste paulatinamente se recupere. Eso ayuda a respirar lentamente al vino y no necesita decantador. En cambio si la botella es de más de cinco años, el decantador ayuda.

La inexperiencia hace que a la hora del servicio se cometan en Venezuela dos errores. El primero, cubrir la botella con una servilleta. Es común ver esa práctica en los servicios ofrecidos por las agencias de festejos, y en restaurantes donde creen que cubrir la botella es elegante. Es malo. Porque oculta la etiqueta. Es más un acto de encubrimiento que de elegancia.

La segunda práctica incorrecta es poner el vino en el decantador y sacar corriendo la botella vacía. El buen vino y el gran vino no solo se bebe, sino que sirve para tema de conversación (evaluación, comparación, análisis, recuerdo). Sacar la botella de la mesa y dejar un frasco en el que puede haberse servido desde un vino común a una vino con leyenda, es un error. De él se benefician los snobs, que hacen decantar vinos de supermercado para presumir junto a otras mesas donde también el que paga por una botella cara, fue despojado de su presencia.