GUÍA DEL PLACER I Seducción del vino I Cata | Detectar el vino malo, sin descorchar la botella

 
 
  Detectar el vino malo, sin descorchar la botella
Investigadores de la Universidad de Davis, la mayor universidad del vino norteamericana, anunciaron haber desarrollado una tecnología para saber si una botella de vino se ha estropeado sin necesidad de descorcharla.

El invento, de enorme utilidad para las casas de subastas que venden botellas de vinos añejos que valen una fortuna, no ha tenido la acogida esperada. Los expertos en vinos de las casas de subasta no confían aún en la tecnología, y sostienen además que es muy costosa: El escáner que hace el trabajo puede costar un millón de dólares.

Utilizando la tecnología de la resonancia magnética nuclear que la medicina moderna utiliza para realizar diagnósticos, investigadores del Departamento de Viticultura de la universidad de Davis lograron detectar sin abrir, cuando el vino de una botella se está comenzando a descomponer
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En enología se sostiene que un vino se ha estropeado cuando contiene 1,4 gramos de ácido acético por litro. El ácido acético es uno de los principales componentes del vinagre. Los investigadores de la Davis lograron detectar partículas de hasta 0,1 gramos por litro. Así, utilizando su escáner, sometieron a prueba lotes de vinos muy costosos de cosechas de 1950, 56, 60, 68, 70 y 1977. Descubrieron entonces que estaban estropeados los de las botellas de los años 1950, 60 y 1968.

El principal mercado de interés por este avance científico son las casas de subastas de botellas añejas y muy costosas (miles a cientos de miles de dólares) dónde predecir si el vino está aún bien o se ha vencido, resulta vital para el negocio. Pero es allí donde ha tropezado el invento de recurrir a la resonancia molecular. El escáner no puede detectar el tricloroanisol (TCA), la bacteria que transmite el "olor a corcho" (Haz CLICK AQUí para consultar en Guía del Placer). Tampoco puede entregar el resultado de un análisis antes de 30 minutos, ni fabricar un aparato por menos de un millón de dólares.

"Pero ya arrancamos. Lo que ahora tenemos es la punta del iceberg en esta investigación", afirmó el profesor Matthew Augustine, quien la dirigió.