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¿Por
qué son buenos los chilenos?
Cuando
la sociedad era agrícola, los monjes eran agricultores. Esa
es la historia del vino. El asunto viene a colación porque
una reciente cata de lo mejor del tinto del planeta, puso de relieve
una vez más la calidad del vino que produce Chile en el Nuevo
Mundo.
Dicen
los historiadores que seguramente cuando bajó de la goleta
en 1545, lo primero que hizo Francisco de Carabantes fue plantar unas
viñas en Concepción, a 500 kms. al sur de lo que después
sería Santiago. Las viñas eran españolas y el cura también.
Cuatrocientos cincuenta y cinco años después, las viñas de
Chile producen botellas que se sientan a la mesa de más de
80 países.
Las
uvas ya no son las mismas que las usadas por Carabantes. Las que él
plantó, al igual que las traídas por el conquistador
Francisco de Aguirre en 1550, murieron o mutaron hasta convertirse
en criollas. Chile es hoy un país de vino, con cepas francesas
distinguidas. Las introdujo Silvestre Ochagavía a mediados
del siglo XIX, quien además de las plantas se trajo al enólogo
francés, Josep Bertrand.
La
alta sociedad imitó a Ochagavía. Así se llenó
Chile de uvas francesas y enólogos, y de vinos que imitaban
a los de Burdeos, donde reside la aristocracia de los viñedos de Francia.
Al comenzar el siglo XX, Chile ya llevaba 23 años exportando vinos
y dando qué hablar. Figuró en las exposiciones de Burdeos
(1882), Liverpool (1885) y París (1889). Adicionalmente, la
filoxera, una plaga que mató los centenarios viñedos europeos
hasta que se encontró la solución replantándolos
en pie de viñas importadas de Estados Unidos, dejó a Chile
con un patrimonio agrícola insospechado. Algunas plantaciones
de cepas francesas que hoy existen en su territorio son viñedos más
antiguos que los de Francia, pues el país andino no fue atacado
por la plaga.
Por
eso en la cata comparativa que organizó la Revue du Vin de
France semanas atrás en París, a los vinos chilenos
les fue tan bien. Juntos a ellos clasificaron dos vinos llevados por
la inmigración sin linaje de australianos y sudafricanos (ésa
es una historia que contaremos en otra entrega). Todo el jurado era
francés. Ganó un vino francés. El Almaviva 1998
de Chile quedó tercero, y quinto, mezclado con los grandes
Burdeos de Francia, una botella de la casa Lapostole (Clos Apalta
1997) y una muy apreciada por mi persona, la Don Maximiano, 1998 de
la casa Errázuriz. Se comenta que pronto llegarán a
Caracas algunas botellas de Almaviva, Lapostole y Erráruziz.
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