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Tentación
Dry Sack
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Cuando
la nueva generación de consumidores se acerca a un Dry Sack,
el primer sorbo sorprende. Es diferente, intenso, con posgusto memorioso.
El paladar se queda con ganas. En el segundo sorbo a la copa, la tentación
se pone en marcha. Así el consumidor descubre que este trago
elegante sirve para muchas cosas: iniciar una conversación,
despertar el apetito, combinar con bocados de cocina asiática,
armonizar con el excelente queso azul que tenemos en Venezuela, atacar
un plato de langostinos al ajillo, aplacar la sed después de
un paté o una terrine, despachar una bandeja con pasapalos
o amortiguar el tiempo de espera en la barra o en la terraza, con
aceitunas al alcance de la mano.
Antes, en el pasado, el Dry Sack estaba envuelto en una bolsa de aspillera.
Cargada de tradición, la botella sedujo temprano a millones
de paladares femeninos en Europa y en América. Se exportan
desde Jerez de la Frontera unas 300 mil cajas de 12 botellas cada
año a más de 75 países. En eso de la seducción
andan Williams & Hubert desde la fundación de la casa productora
hace más de 125 años, y ahora los herederos de la tradición
que se inició en 1877.
Los hombres se acercaban al Dry Sack con conocimiento de causa, en
busca de la diferencia. Es en su estilo el Oloroso, semiseco
más vendido en el mundo. Por tanto, en el lenguaje del jerez,
un Medium, de aroma intenso con memoria de frutos frescos
y trazas dulces. Tiene una potencia de 17 grados originados en el
encabezado de vinos que se elaboran con cepas Palomino y Pedro Ximenez.
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| Javier
Medina presenta la nueva botella de Dry Sack en Bodegas Pomar |
Es lo
que un gastrónomo busca cuando se enfrenta a platos difíciles
de combinar con el vino: un pato a la naranja, quesos intensos con
trazas azules, mariscos cargados con especias, paté con toques
amargos.
Las damas conservaban la botella en su bolsa artesanal, y los hombres
la desnudaban para controlar mejor cuánto quedaba. Con y sin
la bolsa, fue un clásico en el bar a lo largo de todo el siglo
XX.
Las nuevas generaciones al frente hoy de la bodega decidieron renovar
la imagen de la marca después de realizar estudios en sus principales
mercados. Así llegaron a la botella que, hace una semana, presentaron
en sociedad en Bodegas Pomar, su importador y distribuidor en Venezuela.
Ahora el renovado Dry Sack se exhibe, como muestra la foto, en bares
de la modernidad y restaurantes, en los estantes de automercados y
en las tiendas gourmets al lado de las delicatesses.
“No hemos cambiado la fórmula del ensamblaje de los vinos
sino la botella, la etiqueta, los símbolos externos”,
precisa Javier Medina, heredero familiar de esas tradiciones.
Personaje
de Jerez de la Frontera, embajador del arte del tapeo y las tertulias
con la prensa, vino acompañado a Caracas. Logró recientemente
la incorporación de Javier Schoendorff, veterano diplomado
en la comercialización de esos vinos de Andalucía para
que mueva la marca en América Latina. Lo está haciendo
rápido. Esto es una muestra.
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