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  La motivación ¿Se alimenta?

La motivación ¿Se alimenta?

Cuando usted ve a un grupo de personas bien vestidas haciendo cola por una bala fría, no es que imprevistamente los botaron del trabajo, sino todo lo contrario. Están participando en un curso de motivación.
           
El perverso manto de la gerencia que considera el buen comer como una extravagancia, no es nuestro, es importado. Se come mal en talleres, jornadas de participación y “seminarios sobre alto desempeño”, porque se copian recetas de la cultura de gestión norteamericana. El ella, detenerse a comer es una interrupción de algo más importante, el trabajo.

Dado que es interrupción, debe ser breve. Por eso se llega y se sale de la bala fría corriendo, en el más breve plazo: Tienen 60 minutos para comer y atender el celular. Si vamos retrazados podemos reducir ese tiempo a media hora, o si prefieren, 20 minutos. Total, sólo se trata de comer. Ahí no termina la cosa. Como la interrupción puede ser costosa, se la diseña a bajo precio. Con sanduchito y freskolita.
           
El costo de estos talleres, conferencias o como quieran llamarles, es de no pocos millones. Están diseñados sobre patentes internacionales por empresas prestigiosas en su área. Pero en la comida, la bebida, y la atención a la gente, invierten menos que en un recreo de preescolar.

Cuando en los eventos sobre motivación y alineación de objetivos un osado se revela (contra el bocado infame, o el tiempo escaso) se le advierte que no debe “perder foco”. Se oyen reconvenciones de éste estilo: Estamos en un taller de motivación para blindar la integración en la empresa, y por tanto la felicidad de todos.  
           
El bocado caliente no tiene espacio en las prisas de la modernidad. Comer, engorda. Los gordos no son bienvenidos en la cultura corporativa. (Ahora que Francia acaba de penalizar la promoción de la delgadez extrema, el árbol de la flacura corporativa será seguramente sacudido)
           
Detener el pensamiento, la creatividad y la felicidad en el trabajo para algo tan primitivo como comer -y además pretender hacerlo bien- caliente, le parece absurdo a los planificadores, graduados mientras vivían a golpe de hamburguesas, perros calientes y refrescos de cola.

Al final de la jornada de motivación en la hoja de evaluación la comida, o no figura, o puede ser calificada como sólo buena, muy buena o excelente. Por eso los participantes corren a tumbar la nevera de su casa, o cercar al primer carrito mata-hambre que aparezca en el horizonte.