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  Alberto Soria: “En la mesa no se contar hasta uno”

Alberto Soria: “En la mesa no se contar hasta uno”
El profesor Soria fotografiado por la lente
de Nelson Garridor
La revista “Todo en Domingo” del diario El Nacional de Caracas entrevistó en diciembre de 2007 al Prof. Alberto Soria. El reportaje fue realizado por Rosanna Di Turi, directora de la publicación, y publicado bajo el título “Alberto Soria, Gastrónomo”.

Este el diálogo mantenido entre la periodista y el redactor de la Guía del Placer

¿Qué restaurantes de Caracas prefiere?
Entre los restaurantes de patrón, El Mesón de Andrés Rodríguez; el de la familia Wong, y el Bar Basque de Blanca Royo y su familia. Restaurantes de cocineros: Marc Provost y su hijo Steve, Carlos García, Julio Ikeda e Ita Bettin.

¿A cuál siempre vuelve?
Al Mesón de Andrés, al Chez Wong, y al Le Petit Bistrot de Marc.

¿Cuáles restaurantes del resto de Venezuela recomienda?
Ático en Maracay, Tiberius en Valencia, Balaú en Lechería, La Mamma en Juan Griego y Selva Negra en La Colonia Tovar.

¿Qué lugares descarta de antemano?
Los pretenciosos. Los de cocina banal. Y los "para ver y dejarse ver".

¿Cuál es su plato preferido?
En la mesa, no sé contar hasta uno. Los platos preferidos de mi abuela siciliana, eran más de 10. Y los de la abuela catalana, también. Si niego a una abuela, voy al infierno.

¿Qué es lo más exótico que ha comido?
Interpretando exótico como extraño o extravagante, me han servido cosas como "abradacabrante tepuy de avestruz con suspiros de parchita y risotto mil sabores en copa de martini, espuma de caraotas negras y mordiscos de yuca ahumada", pero no lo he comido.

¿Qué no puede faltar en su nevera?
Cultura gastronómica. Las neveras hablan. Dicen más que la ropa y los carros.

¿Cocina?
Para mi familia y mis amigos. Platos de la herencia española e italiana.

¿Cuál es el restaurante de los precios solidarios?
Esos a los que siempre vuelvo.

¿Hay alguna receta que le remita a su infancia?
Más que una receta, las cocciones al horno que hacía mi madre.

¿Una cena memorable?
Una a cuatro manos, en 1985, con Gérard Boyer y su padre, en Reims. Y otra igualmente inolvidable, con Raymond Oliver en su Grand Vefourd del Palais Royal en París, 11 años antes.

¿Un libro fundamental de gastronomía?
Un festin en palabras, de Jean François Revel.