| |
Los famosos ¿saben comer?
¿Es cierto que usted era el cocinero de Frank Sinatra? “Practicamente” responde el cocinero con marcado acento italiano. Practicamente puede ser traducido del italiano al español como precisamente, a decir verdad, hablando con propiedad.
“Practicamente, también lo soy de Angelina Jolie, Bratt Pitt, Tom Cruise, y ahora, de los Beckam”. Después de las exclamaciones de asombro y júbilo de rigor, los entrevistadores echan leña a la hoguera ya encendida de las vanidades.
Mientras este siglo avanza, sentados a la mesa nos diferenciamos del siglo anterior porque aparentemente nadie pregunta lo elemental: Los hoy famosos ¿saben comer?
El cuento del cocinero de famosos
Hace unos años anduvo por Venezuela un hombre bajo y gordo, vestido de cocinero que afirmaba ser el cocinero de Frank Sinatra. Hablaba de las fiestas de Frank, de Las Vegas, y de las mujeres hermosas en cada velada.
Años después apareció afirmando que era -praticamente- el cocinero de Luciano Pavarotti. Cuando éste actuó en Caracas, se las ingenió para ponerse al frente de la comitiva y recibir los primeros fogonazos del flash. Primero él, el cocinero privado vestido de blanco, y detrás de él Pavarotti, de negro. Cuando los guardaespaldas lo alcanzaron, ya era tarde.
Supongo que con esa foto, debe andar por los sultanatos árabes, los nuevos rascacielos de China, golpeando la puerta de empresarios de Japón, o en las noches de Hong Kong, vendiendo su talento (para copar cámara y pantalla).
Cocinaba con flores. A platos trillados de la cocina les lanzaba una lluvia de pétalos de jardines escogidos. La cultura gastronómica a flor de piel de los comensales italianos residentes aquí, lo dejó rápidamente al desnudo en su gira por hoteles cinco estrellas. Supongo que mientras los demás cocineros italianos estudiaban recetas, los aceites de oliva a la mano y el tiempo exacto de cocción de la pasta a la altura de Caracas, él se aprendía las carteleras de los cines, los entretelones de la farándula y las parillas de la televisión por cable.
Era un adelantado. Cocinero para mostrar, podríamos llamarlo hoy. Un especialista en conversaciones, chistes, anécdotas recogidas en revistas de peluquerías de señoras, y en conocer aparentemente la vida íntima de famosos en la pantalla.
Restaurantes de famosos
En estos tiempos - asegura el maestro Vilabella - “al restaurante se va a comer, a cuchichear con los amigos, a criticar al prójimo, y sobre todo, a ver y a ser visto. En semejantes sitios, el glamour se aparece a la buena gente como se aparecía la virgen a los pastorcillos lusitanos”.
Hace unos diez años, actores y modelos con la chequera gorda, lanzaron desde su hambre controlado el asalto del negocio de la gastronomía, abriendo restaurantes y franquicias por todo el mundo. Era glamoroso tener un restaurante propio. Lástima que se necesitara talento, oficio, cocineros y constancia para mantenerlos. Todos fracasaron. Pero los cocineros de celebridades siguen apareciendo.
Aparentemente, porque son pocos los lectores de André Comte-Sponville y su “Pequeño tratado de las grandes virtudes”, y muchos, muchísimo más quienes creen que París Hilton es un personaje famoso. Tanto, que pagarían entradas para sentarse en su mesa. |
|