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¿Dónde estudiar cocina?
“Quiero
estudiar cocina ¿Cuál me recomienda?” No hay conferencia,
cata, laboratorio de degustación o tertulia en la que cada
mes, los interesados, sus padres, tíos, abuelas o enamoradas
no formulen la pregunta.
En
Venezuela, y en la casi totalidad de los países latinoamericanos,
la mayoría de las escuelas, academias, institutos de cocina
no están, ni registrados en el sistema educativo, ni se rigen
por una serie de normas comunes más allá de su conciencia.
Al final de cuentas no son sino sitios de aprendizaje artesanal,
cuyo éxito o fracaso no depende de la rigurosidad y pertinencia
de un programa de estudios, de los cursos y calidad de sus profesores,
ni de los sellos de la burocracia, sino de lo que dice el mercado.
Se sale de esas
escuelas, institutos o academias y se sabe o no se sabe. Y entonces
se obtiene o no trabajo. Se monta un sitio de comidas, se crea un
servicio de catering, se ingresa a una cadena hotelera. Se inicia
carrera en una multinacional, en un restaurante con chef mentado,
o se divierte uno que para eso estudian muchos.
En su defecto,
se sueña con tener su propio programa de cocina de televisión,
se ambiciona salir en las páginas de sociales de los periódicos
más importantes del país, se cultivan amistades y
se busca la fotografía en revistas de moda y corazón,
se vincula uno a un gimnasio o Spa, se presume, pantallea, y se
sueña con Hollywood.
“Vienen
aquí en busca de un diplomado, cumplen con los requisitos,
y eso les damos” me explicó un empresario del ramo.
Trabaja para tener varios locales distribuidos por la geografía
nacional. Es un buen negocio. Eso hacen muchos, en muchos lugares
del mundo.
En capitales
y grandes ciudades, a algunas de esas escuelas hay gente que va
a comer lo que cocinan los estudiantes que están aprendiendo
a cocinar. Les cobran como si fuera un restaurante normal.
En algunas de
ellas, los mismos estudiantes que pagan para recibir clases, producen
la comida que el sitio vende para reuniones, cocteles y agasajos.
Según se comenta, el beneficio para los estudiantes es la
práctica, no lo que se cobre por el servicio.
Cada escuela,
instituto o academia que aquí se sienta retratada en su identidad,
semeja así en la cocina lo que pasó con las artes
marciales. En la década de los años setenta solo estaba
Kung Fu y David Corradine. Después los sitios crecieron como
hongos en todas las ciudades; en casas, gimnasios, edificios, centros
comerciales.
En todo el país,
en todas las disciplinas, en todos los colores pero siempre con
uniforme, escudo y vincha, hay escuela o academia de artes marciales.Por
ese mismo camino vamos con la cocina.
A quienes me
preguntan les respondo preguntando para qué quieren estudiar
cocina. Y después les aconsejo que pregunten en los buenos
restaurantes y en lo hoteles y posadas, qué tanto sirve el
diploma de la escuela, instituto o academia a la que piensa ingresar.
Que tal les va diciendo “aprendí cocina con fulano
con tal”. Y que después actúen en consecuencia.
Me suelen contar después, que no consiguen buenos empleos.
Volveremos sobre el tema.
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