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Tendencia: Agricultura ecológica a la mesa
Los productos
procedentes de la agricultura ecológica se están convirtiendo
lentamente en fuente de inspiración para la alta cocina.
La tendencia, iniciada en Italia y Francia, ahora está creciendo
en España. En poco tiempo será tendencia también
en Estados Unidos, y en las revistas especializadas. Para
que avance la presencia de los productos ecológicos en la
mesa, primero obviamente hay que tener agricultura ecológica.
En eso están trabajando ahora algunos grupos empresarios.
Hasta hace muy poco, la presencia de la ecología en la mesa
sólo llegaba por accidente: Cuando un pequeño horticultor
visitaba a un cocinero de cierta fama en su ciudad, o cuando el
cocinero de paseo por el campo llegaba a la huerta.
En
Italia, el movimiento Slow Food impulsa desde hace unos años
estos contactos y relaciones, si bien según sus principios,
se mantiene al margen del negocio. Slow Food ha contribuido en forma
destacada a crear conciencia ecológica en la mesa.
En Francia, las relaciones entre agricultores proveedores y los
chefs franceses han sido siempre muy fluida. Los cocineros llevaron
desde las ciudades las inquietudes de sus comensales para que los
campesinos – a veces a regañadientes – adoptaras
nuevos criterios respecto a la etiqueta ecológica.
En España se está gestando una relación fluida
entre horticultores, industria y cocineros.
El
jefe de cocina del restaurante de moda Kursaal, uno de los restaurantes
del grupo del cocinero estrella Martín Berasategui, decidió
en la última renovación de la carta incluir la referencia
a los productos ecológicos con los que compone sus platos.
Entre los que destacan – según nos cuentan nuestros
corresponsales - la tempura de verduras ecológicas o las
verduras ecológicas crudas y cocinadas con lascas y suero
de Idiazábal.
El cocinero del restaurante donostiarra Kursaal, Raúl Cabrera
está incluyendo en su carta los productos premium del agricultor
Jaime Burgaña, uno de los abanderados en el tema, como los
“guisantes lágrima”, que se cultivan de una forma
totalmente artesanal.
El único
pero a la tendencia, son los precios. Los guisantes de lágrima
por ejemplo, se cotizan a unos 25 dólares el kilo.
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