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Bronca
en la cocina
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| La
vanguardia gastronómica de España: Andoni Adúriz,
Sergi Arola y Enrique Dacosta |
Después
que una publicación del New York Times ha proclamado
en portada este año que “España es la nueva Francia
de la gastronomía”, a la famosa y muy francesa Guía
Michelin de restaurantes los españoles le están
armando una bronca descomunal.
Indignados, los españoles reclaman a la Michelin (considerada
la Biblia de la calificación gastronómica mundial) parcialidad,
desconocimiento e incapacidad. ¿Le interesa de verdad a Michelin
alentar a los viajeros a viajar a España, o mantener artificialmente
la aureola de inmensa superioridad gastronómica de Francia,
su país, donde vende muchísimas más guías
que aquí?, se pregunta un crítico gastronómico
en la prensa de Madrid hoy lunes).
En
su última edición, la guía francesa otorgó
para el 2004 119 estrellas a España en contraste con 600 a
Francia y 230 a Italia. La crítica gastronómica española
señala que esas 119 estrellas son muy pocas y están
mal distribuidas (Sólo se reconoce el máximo de calidad
de las tres estrellas a cuatro restaurantes; a sólo nueve se
le dan dos estrellas y a un tendal de 89 locales se les adjudica una
estrella). El mensaje es claro: hay mucha fonda y escasos restaurantes
de calidad universal.
La
bronca fue en aumento cuando un representante local de la guía
francesa quiso explicar la escasez de estrellas otorgadas argumentando
el “aletargamiento provocado por la dictadura franquista”.
Michelin había excluido a España durante la
guerra civil española y sólo regresó a ese país
después del fin del período franquista en la década
de los años 70. “Hace más de 30 años que
salimos del franquismo. El país desde hace mucho no está
durmiendo la siesta y de eso no parecen darse cuenta los inspectores
franceses de la guía” reclamó un crítico
español. Los hispanos, en su descargo, han revelado en privado
que otorgan mejores puntuaciones a los restaurantes españoles
que visitan, pero que en París revisan y disminuyen las calificaciones.
Hace más de diez años, en 1990, la guía había
atribuido 103 estrellas a España y hoy le adjudica 119 “hecho
que demuestra el sesgo intencionado de la publicación, que
escasas guías vende en España pero que nos afecta en
el extranjero”.
Es la primera vez en su historia que “la Biblia de la gastronomía”
recibe disparos tan directos. Si el lector consulta otras guías
internacionales y los reportajes frecuentes de revistas y periódicos
sobre el avance de la cocina española, no dejará de
admitir que el enojo ibérico tiene razones y fundamento.
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