| |
Oliver,
con su olfato, se hizo millonario
Jamie
Oliver descubrió su instinto empresarial con sólo once
años cuando en el colegio alquiló las taquillas de sus
compañeros de clase, y las utilizó para almacenar y
vender desde ellas dulces a otros alumnos. Después se hizo
cocinero. Con su cara infantil descubrió en los niños
escolares otro filón. Simpático, dicharachero (es decir
nada inglés) cuando inició una campaña para mejorar
la comida en las escuelas británicas, conquistó el corazón
de mucha gente. Su
campaña de denuncia de la poca calidad de las comidas que
se ofrecen a los escolares ingleses ha tenido un éxito sin
precedentes hasta el punto de ser apoyada por el propio Gobierno
laborista de Tony Blair.
El joven chef
explota ahora con gran olfato su marca en la promoción publicitaria
de productos como utensilios de cocina y vajillas. Ha montado además,
varias compañías que van desde una fábrica
de pan hasta una empresa de alquiler de locales. Ganó más
de 2,6 millones de euros el año pasado, lo que le confirma
como uno de los empresarios jóvenes más ricos del
Reino Unido.
La compañía
que encabeza su juvenil imperio, “Sweet as Candy”, obtuvo
en el 2004 beneficios superiores a los 10 millones de euros, informó
ayer “The Sunday Times”. Los ingresos más rápidos
del grupo que lidera proceden tanto de la venta de sus libros como
de sus programas de televisión y de los artículos
de cocina que también comercializa.
Oliver se ha
convertido en una marca mundial, con una venta de 12,2 millones
de ejemplares de sus recetas culinarias, que han sido traducidas
a 23 idiomas.
|
|