Los cocineros de Euro-Toques (el gorro blanco del cocinero) se
rebelaron contra la asfixia económica que amenaza a los productos
artesanos. Sometidos a regulaciones por la Unión Europea
y una competencia feroz ante la importación masiva de productos
de bajo precio elaborados industrialmente, los artesanos están
desapareciendo de las cocinas y de los supermercados. Los cocineros
asociados a la organización anunciaron además que
instarán a las autoridades europeas a que exijan a las empresas
que incluyan información sobre la manipulación genética
de los productos que venden.
Los anuncios se conocieron por una conferencia de prensa dada por
el presidente de la organización, el famoso cocinero español
Pedro Subijana y el representante de la organización en España,
Juan María Arzak. Subijana y Arzak, ambos líderes
nacionales, gozan además del reconocimiento internacional
con dos y tres estrellas de la Guía Michelin respectivamente.
Arzak explicó que “no tenemos fundamentos para decir
que los transgénicos son malos. Tampoco la Organización
Mundial de la Salud (OMS) se ha pronunciado al respecto, pero nosotros
no los utilizaremos y creemos por tanto que la Unión Europea
tiene que obligar a las empresas a que adviertan a los consumidores
en los envases sobre la manipulación genética”.
El cocinero vasco destacó que en la actualidad los intereses
económicos internacionales “van en contra” del
equilibrio dietético y ponen en situación de riesgo
la elaboración de productos artesanos. Subijana por su parte
recalcó en el interés de Euro-Toques en “favorecer
el consumo de productos de temporada a fin de favorecer la calidad”.
Reclamó además como una necesidad urgente y evidente
“la inclusión de la gastronomía como enseñanza
reglamentada en los estudios de bachiller de los alumnos europeos”.
Subijana destacó que las iniciativas de la organización,
fundada en 1987 a instancias del ex presidente de la Comisión
Europea Jacques Delors para la defensa de los productos artesanales,
eran atendidas de una forma creciente por parte de la burocracia
europea, aunque lamentó al mismo tiempo “la ausencia
de resultados concretos”.